ESPACIOS DE CONFIGURACION DEL SUJETO

 

Autor: Lic Roberto Torres

Me parece importante avanzar desde lo supuestamente periférico, cotidiano, del percepto humano, de los marcos de significación habituales, pasando por los entrecruzamientos discursivos, hasta los puntos basales que representan los operadores de estructura, para pensar la clínica, la psicopatología, los avatares de la época, las configuraciones sociales y lo político.

 

Voy a empezar, con una imagen bastante torpe y errónea pero válida para desarrollar unas primeras distinciones, se trata de la diagramación grafica de una ameba con sus extensiones pseudopodicas que se utilizó para representar la pulsión, este grafismo precario muestra un ser amorfo con extremidades que se desplazan y retrotraen cíclicamente y en forma irregular, lo vamos a usar como un intermedio ilusorio, entre una imagen común y la estructura topológica.

 

Para pensar la espacialidad de la subjetividad veremos tres imágenes diferentes:

 

1) Una es la representación adentro-afuera del sujeto limitado y diferenciado por la superficie corporal, que oficia como frontera, límite, imaginario perceptual donde lo interior seria un adentro cerrado por esta superficie que a la vez hace borde con el afuera-mundo (Figura .1).

2) Otra forma es la imagen ameboide que con sus pseudopodos muestra una superficie irregular, que modificaría imaginariamente la espacialidad el adentro afuera, se ha modificado-distorsionado, atravesado la frontera, se modifica pero no cambia el modelo interior-exterior, de la forma cerrada que divide un afuera-dentro (Figura.2).

3) La tercera presentación, superadora de las 2 anteriores,  es la imagen de un cilindro-tubo, donde se produce una continuidad del adentro-afuera en un mismo espacio, sin corte, donde la superficie no encierra un espacio interior (psiquismo) de un afuera (realidad exterior), poniendo en cuestión las formas establecidas por siglos de pensamientos instaurados (Figura.3).

 

El salto simbólico se da en esta tercera representación, es una diferencia estructural, porque se produce un paso del interior al exterior sin una ruptura de la superficie, están conectados fluidamente, cosa que no sucedía en los dos anteriores, donde para pasar de un espacio al otro, debe atravesar la superficie de separación.

 

Si tomamos los espacios dentro-fuera como lugares acuosos y le agregamos pintura veríamos que en las 2 primeras figuras el adentro (rojo por ejemplo) y el afuera (azul) no se contaminan uno al otro. En cambio en la 3° figura se mezclan los colores quedando de la misma tonalidad (violeta). Las 3 imágenes representan al individuo, dos cerradas y una con dos agujeros, el ser humano se representa mejor con la última figura, un cuerpo tripa y dos agujero: boca y ano.

 

La primera figura esta apegada a la forma y en la segunda si bien se produce una deformación de misma (pseudópodos) se mantiene como superficie cerrada.

 

Lo que podemos sacar de provecho de los diagramas, es darse cuenta de las distorsiones producto de la percepción, y de las significaciones que condicionan nuestro hacer y nuestros pensamientos. Debemos salir de la representación humana como una esfera hueca, cerrada,  donde el decir del analista opera desde un afuera espacializado en el dispositivo,  hacia un interior inconexo del analizante, a través del discurso y el lazo transferencial.

 

ESPACIOS DE CONFIGURACION DE LO PSIQUICO

ESPACIO DE CONFIGURACION DE LO PSIQUICO

 

Hasta aquí el alcance del ejemplo, esto nos da material para analizar los bordes de la subjetividad, el trenzado de su estructura, que si lo relacionamos con ciertas duplicidades puestas en juego (cs-ics, yo-ello, sujeto dividido, individuo-sujeto, cadena del discurso común-cadena del discurso inc, sujeto-otro-sujeto Otro, objeto-objeto petit a, ideal del yo-yo ideal, yo-superyo etc) vemos la complejidad de su abordaje desde la perspectiva psicoanalítica. Ya desde Freud se desplaza el eje de la relación sujeto-objeto hacia una concepción que al incluir el espesor del discurso-lenguaje subvierte el concepto de realidad imperante hasta ese momento.

 

La idea central es tratar de evitar el riesgo de quedar entrampados en la escena imaginara de dos sujetos fenoménicos con flujos discursivos que circulan en forma complementaria (emisor-receptor), en una vectorización cruzada, sujetos enmarcados en los dictámenes de la significación (comunicación) y las convenciones compartidas(pre-juicios), reinado del dialogo donde los residuos del discurso, (ruido en la comunicación) aparecen como obstáculos para la comprensión, por lo tanto deben ser evitados, para hacer mas entendible el mensaje.

 

El psicoanálisis subvierte esta concepción, da lugar a los fragmentos, los restos, los residuos del discurso, como expresión de las formaciones del inconsciente y los puntos de empastamientos de goce. Nos encontramos así, con el soporte imaginario representado por las figuras 1 y 2. Donde la primera esta apegada a la forma y en la segunda si bien se produce una deformación de misma se mantiene como superficie cerrada. Este enfoque tiene diversas formas de engaño y de autovalidacion, al que se apegan distintas modalidades asistenciales, que desnudan su concepción de fondo: imaginaria, intuitiva y cartesiana.

 

Debemos desconfiar de la intuición, de la comprensión y del yo como medios de engaño fundamental, fuente del error, sede de la ilusión que contamina al analista en su acto (recuerden el intento falaz de los postfreudianos de buscar alianzas con el yo del analizante, con su parte sana).

 

Debemos subvertir esta percepción que toma al inconsciente como un adentro del sujeto, cerrado, con el que hay que operar como si fuera un baul de trastos viejos y trabajar sobre la  palabra-código del paciente como objeto exterior a descifrar a través del codificación psicoanalítica preestablecida y de señalar la conducta inadecuada para una mejor adaptación a la realidad. La cosa no va por acá. El dispositivo del análisis, es más del orden del encuentro, no logrado, entre sujetos enlazados por la transferencia, de promover la sorpresa y el acontecimiento que envuelve a los sujetos en un decir-acto. El inconsciente ¿es uno, dos, u otra cosa? ¿Podemos pensar un inconsciente fuera de transferencia?, ¿puede haber un inconsciente que no haga lazo con el Otro, y si así fuera, es lo que buscamos?.

 

Nuestra practica desciende de un tronco genealógico común, el de Freud y su acto fundante, que da identidad a la comunidad analítica, ahora….. ¿Cuántas modalidades operativas existen y dentro del conjunto de estos abordajes… como podemos discernir las que nos coloquen en la mejor posición frente a nuestro propio acto? ¿Todo es lo mismo?…

 

Estamos en los primeros trazos del seminario, simples, toscos, generales, precarios, que van a necesitar mucho trabajo para llegar a puntos más consistentes, que poco a poco iremos realizando en una dialéctica espiralada que ira tocando diversos bordes de la realidad.

 

Lic. Roberto Torres: Psicólogo Córdoba Tel. 152-016211