ESTADIO DEL ESPEJO (1° PARTE): IDENTIFICACION IMAGINARIA ESPECULAR

Autor: Lic. Roberto Torres

En este texto intento aproximarme a la conceptualización del Estadio del Espejo, desde los aportes lacanianos, que refleja el modo de identificación imaginaria,  a partir del modelo óptico tomado de la física, y de la experiencia del reflejo de un niño frente al espejo u otro niño, que genera un pasaje desde la fragmentación corporal a la primera organización subjetiva. Primera estabilización subjetiva de percepción totalizante imaginaria de un objeto que le viene de la imagen externa, dando una primera consistencia y permanencia precaria de las cosas y del mundo.

Identificación unitaria que se constituirá en los prolegómenos del yo y su estatuto ilusorio, que pendula entre un estado exultante-placentero de identificación de un primitivo sí mismo y un momento de tensión agresiva que responde a la lógica imaginaria, reactiva y excluyente, del “o yo o el otro”, lo que representa el punto imposible coexistencia mutua como trasfondo de lo humano, virtualidad que se activa en determinadas circunstancias.

El enunciado “Todos somos asesinos potencialmente por la identificación imaginaria especular”,  implica una extrapolación (parcial, limitada) cuya objeto es, simplemente, una ejemplificación referencial que sirva como disparador para el abordaje del estadio del espejo, aclarando que no tomamos en cuenta el registro simbólico donde el fantasma de asesinato, se encuentra ligado al padre interdictor,  ni la importancia del Nombre del Padre como operador de estructura fundamental, que desde el lugar 3° simbólico mediatiza el lazo original del sujeto-Otro y que su forclusión puede generar un paso al acto homicida. Solo tomo en cuenta, en esta 1° parte, el efecto per-formativo del encuentro intersubjetivo de dos sujetos enfrentados.

Nos vamos a apoyar en Alfredo Eidelstein y sus producciones topológicas para trabajar esta entrega referida al estadio del espejo. Lacan hace referencia al modelo óptico (figura analógica, no topológica) para representar la importancia de la identificación imaginaria en el momento en que el sujeto vive la experiencia de encontrarse por 1° vez con un acontecimiento fundamental alrededor de los 8 meses hasta el año y medio más o menos, la vivencia del encuentro con una imagen de un modo inédito, diferente a la relación habitual que tenía hasta ese momento con las imágenes de su vida cotidiana, es decir, figuras móviles, fugaces, inconsistentes. En un determinado momento la imagen toma un estatuto diferente, ella es presentada al infante por otro niño de una edad similar con el que se encuentra haciendo el mismo movimiento, o por el espejo que le devuelve su propia imagen postural. Es un instante trascendente dentro de la inmanencia de lo vivido.

 

En una situación intersubjetiva, cuando dos niños (Fig 1b) que se encuentran uno frente al otro, hacen un movimiento similar (por ejemplo cuando uno levanta la mano como lo está haciendo el otro) se produce una exaltación jubilosa, porque el infante siente por primera vez un ordenamiento interno que viene desde el afuera, gracias a una imagen externa, donde antes había una anarquía de estímulos desde su cuerpo sin ninguna forma de organización subjetiva, falta de un centro unificador (Fig 1a), generando una experiencia de fragmentación corporal que posteriormente va a producir diferentes efectos en la histeria y sus síntomas de conversión corporal, o en la psicosis que encarna en forma dramática la angustia desorganizante de esta fragmentación corporal.

 

Con la experiencia de la fase del espejo el niño (frente a otro niño de su edad o ante su propia imagen reflejada en el espejo) puede por primera vez captar una totalidad de su mundo con un sentimiento de sí, identificatorio, unificante, si bien viene del exterior lo vive subjetivamente, el mundo comienza a tener unas primeras estabilizaciones imaginarias precarias, esta experiencia identificatoria la va a trasladar al universo externo y va a empezar a captar imágenes unitarias, completas, reconocidas,  gracias al papel totalizante del registro imaginario, de este modo se produce una primera consistencia del mundo, aunque fugaz, a partir de la captura perceptual de lo que ve. El problema es que lo experimentado, el niño no lo puede sostener en la memoria, no puede durar, no hay identidad sostenida de los objetos. Lo imaginario no tiene esta función de sostener la identidad de las cosas y su permanencia en el tiempo. La capacidad de conservar lo percibido, recién lo va a poder lograr con la articulación de lo simbólico, donde el objeto va a tener una identidad, se va a mantener en el tiempo y puede ser reconocido gracias a la adquisición del lenguaje como articulación significante. El significante es la muerte de la cosa, ocupa su lugar y por más que este fuera del campo perceptual puede mantener su existencia gracias al símbolo, por eso Lacan manifiesta que un elefante puede estar en un bazar.

En esta fase no se puede conservar la presencia de la cosa percibida, aparece y desaparece, la realidad se transforma permanentemente, son imágenes que mantienen su forma de modo precario, por lo que el mundo para ese niño es un múltiplo de figuras evanescentes, de unidades imaginarias en descomposición.

La identificación imaginaria unificante produce un sentimiento de sí exultante, que se va a dar lugar a la conformación del yo y su estatuto ilusorio, sede del engaño. Recordemos que en la clínica Lacan planteaba la dificultad de establecer, por estas características del yo,  una alianza terapéutica con los aspectos conscientes, yoicos, del analizante, como lo creían los post-freudianos y lo intentaban plasmar en la dirección de sus tratamientos.

ESTADIO DEL ESPEJO 1

ESTADIO DEL ESPEJO

Este instante de identificación jubilatorio, exultante, tiene otro momento donde cambia hacia su reverso dramático,  de tensión agresiva con el otro (Fig 1c), que puede desencadenar una confrontación violenta. La lógica que gobierna este estadio Lacan lo nomina: “O YO O EL OTRO”, es decir no los dos juntos. La razón de esta lógica, se basa en un punto de inestabilidad debido a un ESPACIO MUTUO indiferenciado, no hay un espacio propio de uno y de otro diferentes, autónomos, sino superposición, saturación. Hay dependencia mutua que hace imposible la co-existencia en el tiempo, por eso se bascula entre 1) yo soy otro, un imposible, que brinda un sentimiento de placer identificatorio,  y 2) un “o yo o el otro”, estado de tensión que puede virar hacia el impulso agresivo de querer agredir al semejante, que se transforma en un rival hostil, que hay que eliminar porque ocupa su propio espacio, situación que se resolverá posteriormente con la incorporación del registro simbólico, donde los niños mantienen su diferenciación subjetiva, individual, la lógica se representa por el enunciado “YO Y EL OTRO”, interviniendo la ley simbólica que permite la diferenciación de los sujetos y prohíbe la destrucción mutua.  Entonces podemos decir que es imposible la convivencia de dos  sujetos cuando se encuentran capturados por esta situación alienante de prevalencia imaginaria sin la red de contención simbólica, cuando ocupan el mismo lugar, es decir que hay un solo lugar para dos sujeto, espacio de superposición existencial. Lacan lo define como la imposibilidad de coexistencia con el otro, alienación imaginaria.

Hay un espacio único para dos, imposible de sostenerse en el tiempo, si yo soy otro, sirve para la identificación, pero es confusional porque el otro ocupa mi espacio, se torna invasivo, momento tensionante de agresión, donde el niño reacciona pegando al otro y por la propia  situación de identificación transitiva, el que llora es él, porque él es el otro y el otro es él, en una especularidad confucionante.

Este montaje de alienación especular es un momento fundamental en el desarrollo humano, como un componente estructural esencial en toda constitución subjetiva.  Para Lacan la tensión especular de imposible co-existencia se mantiene en cierta virtualidad inconsciente,   pudiendo reaparecer en cualquier momento cuando se generen ciertas condiciones particulares, emergiendo el impulso de destrucción del otro. 

En estos momentos se produce la subducción de lo simbólico por lo imaginario, como un debilitamiento del espesor simbólico, que dificulta la limitación de la tensión imaginaria. Esta matriz especular-imaginaria-alienante la podemos observar en la vida cotidiana, en diversas circunstancias que pueden desencadenar distintas situaciones en una gradación desde la tensión verbal hasta el paso al acto homicida. Tomemos como ejemplo que en una esquina se produce un accidente de autos o simplemente una frenada o riesgo de impacto, los individuos se encuentran en una confrontación frente a frente, momento de especularidad imaginaria (ya no es necesario que estén en un frente a frente literal) haciéndose señas, gritos, amenazas, discusión, situación de tensión que se transforma en agresión y que en su borde se puede transformar en violencia. Las reacciones pueden variar desde ponerse a hablar civilizadamente de los seguros respectivos etc, prevaleciendo la palabra, el discurso, es decir lo simbólico o pasar directamente a una discusión agresiva, hasta la posibilidad del paso al acto violento (pelea física) donde cada uno trata de destruir al otro. En otra situación, como en la violencia de género,  podemos observar, nuevamente, la emergencia de la tensión agresiva, como un fenómeno estructural presente en las relaciones de pareja. La violencia en la pareja, como ese lazo de dos que hacen uno en el síntoma. La próxima entrega seguiremos con la 2° parte de la fase del espejo y el modelo óptico donde vamos a agregar el lugar del registro simbólico. Saludos

Lic. Roberto Torres: Psicólogo Córdoba Tel. 152-016211