ESQUEMA Z (ENTRE EL ESQUEMA L Y EL R)

ESQUEMA Z

 

 

Para pensar este Esquema Z nos vamos a apoyar en Alfredo Eidelsztein que lo distingue del Esquema L que ya hemos presentado (ver). Lo primero que debemos decir es que tienen muchas similitudes ambos esquemas, como estructura cuaternaria , como álgebra combinatoria de elementos representados por letras, que según los enlaces y posición que ocupe cada elemento en relación a los otros.

 

Otro cuestión a tener en cuenta es que los lugares donde se ubican los elementos-letras, no son localizaciones sino representaciones espaciales de funciones (del Otro, del sujeto, del yo, del objeto), con sus con sus combinatorias y determinaciones simbólica.

 

Para Eidelsztein los esquemas no solo son diferentes sino que el Esq. Z rectifica al L, realizando una esquematización significante.

 

Seguimos con la idea de ir avanzando la formalización de las presentaciones, donde lo espacial jugado en los esquemas L, Z, R, marca relaciones de lugar y las posiciones de los elementos en juego. Se pasa de elementos a letras, como en el álgebra matemática, es el transito del modelo al esquema lo que permite la conceptualización simbólica separándonos de la adherencia a lo imaginario, que nos apega a las formas.

 

Los componentes del esquema son: A-a-a´-S, que representan respectivamente al Otro-yo-objeto-sujeto.

 

La condición de sujeto tiene q ver con lo q tiene sucede en el Otro, se le da una característica temporal más q espacial para la constitución del sujeto y los avatares de sus procesos de existencia.

 

El Otro no está tomado como elemento de una intersubjetividad, yo-otro, sino como discurso articulado por significantes, constitución sintáctica con sus leyes propias.

 

El sujeto depende del discurso del Otro (el inconsciente es el discurso del Otro) donde no está articulado a un solo significante que le de identidad sino en el intervalo producido entre dos significantes, un significante representa al sujeto para otro significante, el sujeto intervalar.

 

Se espacializa al sujeto en los cuatro puntos del esquema saliendo del modelo intersubjetivo, representa la configuración subjetiva espacializada en el esquema.

 

El sujeto se encuentra determinado por la cadena significante pero no puede quedarse fijado a algún significante que pueda brindar identidad porque el significante posee la limitación de no poder significarse a sí mismo, ni puede significar al sujeto, darle consistencia óntica, un ser, solo puede representarlo en relación a otro significante.

 

El A, el Otro está en un proceso de desubjetivización, ya no es otro sujeo, sino un lugar, un espacio marcado por el significante, simbolizado, un lugar de palabra.

 

Estamos viendo los avances en la conceptualización los espacios de la configuración subjetiva, ya no se trata de localidades psíquicas a la manera de Freud, en sus registros lineales de inconsciente-preconsciente-conciente, como en el esquema del peine. Es un intento de salir de la adherencia a una concepción Newtoniana y euclidiana para abrir otra forma de pensar los espacios, más lógicos y topológicos.

 

En el Lugar A se puede constituir un Otro que lo represente en su determinación simbólica, lo que permite la existencia de un sujeto, si no aparece otro que haga signo del lugar simbólico A, el sujeto no puede advenir, riesgo de psicosis.

 

Este lugar del Otro plantea al sujeto la pregunta por su ser sexuado y su propia existencia, es decir, nos encontramos en una dimensión ontológica fundamental, donde va a reciclar tanto la histérica como el obsesivo, empastándose autorreferencialmente.

 

La pregunta por la propia existencia del sujeto, se plantea en un ¿Qué soy, en mi contingencia precaria, en el discurso del Otro?.

Saludos cordiales  

Lic. Roberto Torres: Psicólogo Córdoba Tel. 152-016211