EL COMPLEJO DE EDIPO: UNA APROXIMACION

Autor: Lic. Roberto Torres

 

COMPLEJO DE EDIPO 1

Complejo de Edipo y sus avatares

 

 

En esta entrega, voy a tratar de articular el Complejo de Edipo, como el anudamiento estructural fundamental para la constitución de todo sujeto humano y como determinante esencial en el tejido de los síntomas y las formaciones patógenas, como también en el desarrollo de la clínica. 

 

Vamos a trabajar el concepto de complejo de Edipo, como punto nodal de la estructura subjetiva, con la idea de ir armando una base conceptual amplia, consistente, que sirva de sostén para una elaboración más precisa de los elementos específicos de la técnica psicoanalítica. Desde este seminario se busca no solo acercarnos a una clínica estructural sino también abordarla en forma articulada para que los elementos analizados sean asimilados en un marco teórico que permitan significarlos en cierta visión de conjunto del campo analítico que se diferencie de la simple memorización, desgajada del cuerpo conceptual, memorización que se convierte en la forma más directa de acceso a la incomprensión o a la ficción de que las cosas son como las apresamos en alguna definición. Así es como nos convertimos en pequeños “lacranianos” enarbolando las banderas del último Lacan, del más sofisticado a través de la repetición de algunas frases célebres, pero con dificultades en poder realizar algunas articulaciones de su pensamiento. El psicoanálisis en general y el lacaniano en particular es sumamente complejo en su manejo dialéctico, por esta razón es el esfuerzo de un abordaje estructurado y estructurante.

LACAN: “La prenda del análisis no es sino reconocer qué función asume el sujeto en el orden de las relaciones simbólicas que cubre todo el campo de las relaciones humanas y cuya célula inicial es el complejo de Edipo, donde se decide la asunción del sexo.”

Una de las preguntas que podemos hacer en la clínica es ¿cómo poder discernir en lo arbóreo del discurso del paciente, cuales son las representaciones que tienen que ver con lo inconsciente o con el deseo? Tenemos los indicio que nos sirven para la intervención ante la emergencia de las formaciones del inconsciente en sus diversas manifestaciones, como componentes acontecimentales en la cura, elementos del discurso que avala que ahí se puntué, se interrogue, se realice una escansión, etc, pero con esto no se responde sobre la sustancia de lo que determina las formaciones del inconsciente, no dice nada del estatuto de los elementos del núcleo patógeno que surgen como ramificaciones de lo reprimido, de los retoños que irrumpen en forma intrusiva en el discurso cotidiano del analizante. Decía que mas allá de la situación de tropiezo del discurso donde el paciente dice mas de lo que quiere decir, que traiciona al dicente en lo abroquelado de su decir, nos preguntamos cuales son los componentes referenciales, el centro difusor de las retoños y, al mismo tiempo, atractor de los restos del discurso, es allí donde van dirigidos nuestros esfuerzos. Nos planteamos cuales son los significantes que forman parte de la cadena inconsciente, que se ordenan alrededor del núcleo patógeno: ¿puede ser cualquier significante, hay un núcleo aglutinador alrededor del cual se vinculen las representaciones, y si existe este un núcleo extimo, cual es su estatuto y cuales son las significaciones actuantes en un momento de la existencia, que han tenido que reprimirse para el nacimiento del sujeto? Así podríamos seguir preguntándonos sobre lo que compone el inconsciente estructurado como un lenguaje, sobre la lógica de su exclusión, que lo constituye en el foco causal de lo sintomático etc.

Para responder a estos interrogantes, nos vamos a apoyar en los desarrollos psicoanalíticos recorridos en el vector Freud-Lacan, donde se pone el acento en el complejo de Edipo, como elemento bisagra, metáfora fundante que sepulta todo el proceso de la sexualidad infantil, donde se construyen las bases de la infraestructura deseante de todo sujeto humano a punto tal que Freud consideraba, al niño, como un perverso polimorfo que llega al cenit de su constitución con la activación de este complejo de Edipo que centraliza y resignifica todas las experiencias vivenciadas hasta ese momento.

LACAN: “…No hay resolución posible de un análisis, cualquiera sea la diversidad, la multiplicidad de matices de los acontecimientos arcaicos que pone en juego, sin que al final llegue a anudarse en torno a esa coordenada legal, legalizante, llamada complejo de Edipo”.

El complejo de Edipo representa la inscripción legal de la subjetividad en el marcaje simbólico que incorpora a todo individuo al mundo humano, pero no hay incorporación sin perdida, sin resto, es el precio del desprendimiento que debe hacer para lograr el estatuto de humanidad. Desprendimiento desde las entrañas del deseo, caída del objeto incestuoso, impacto perforante en un narcisismo con tendencias totalizantes y absolutistas, proyecto de fusión incestuosa con el Otro materno.

Momento de desgarramiento de un proyecto de perfección.

Lo que esta en juego es la asunción de una identidad sexual y un lugar de sujeto que lo articule al universo simbólico, enganche que le permite comprender en el mundo y sus exigencias.

Estamos en el orden de la inscripción subjetiva en el orden de la ley, fichaje formal que legaliza, ahora bien, son estas representaciones en juego en el conflicto fundacional las que se van a constituirse en los elementos de identidad personal que lo determinan en su existencia y los que van a ocupar el primer lugar en la crisis actual del sujeto que lo lleva a consultar, pero también y fundamentalmente son los significantes que vamos a tener (¿temer, evitar?) que trabajar en el desarrollo de la cura.

Es por efecto de la ley sobre la subjetividad, de su introyección que se produce la exclusión de lo sexual, esta ley no es cualquier ley sino la ley de prohibición del incesto. Vemos aquí perfilarse la desgarradura que significa la perdida del objeto fundamental para todo sujeto (niño o niña) lo que constituye el verdadero objeto incestuoso, para ambos, la Madre. La normalización edípica, no es sin costo, hay un deseo que cae, pero que continúa en los claustros del inconsciente como motor de existencia, intentando su realización, por esto nos movilizamos, encontramos sentido a las cosas, construimos proyectos como en una especie de voluntad de poder nietzscheana para el logro de lo deseado. Todo tendría que andar bien en este marco resolutivo de la mayor encrucijada por la que debe pasar todo ser humano, pero la resolución del Edipo significa un complejo de vivencias, representaciones, fantasías, afectos, pulsiones, goces en juego que su tramitación no esta exenta de conflictos, dificultades, que lo exponen al sujeto a las fallas, defectos de su realización.

Somos engranajes en el proceso de transmisión genealógica que imperativamente determina el lenguaje, pero esto no es sin costo personal, a veces se llega a pagar un alto precio, el de quedar desgajado del sistema,  padecer las penurias del exilio, o el dolor de la existencia.

En los avatares de esta dialéctica se generan consecuencias patógenas que por un lado determinan distintos cuadros psicopatológicos y por otro, son las que llevan al sujeto a interrogarse por lo que le pasa, que lo angustia y no puede manejar, lo que se repite, insiste y lo empuja a dar comienzo un trabajo terapéutico.

La hipótesis psicoanalítica sostiene que lo patógeno esta jugado en la tramitación del Complejo de Edipo. Por lo que tenemos que agregar como segundo enunciado que no hay neurosis sin edipo. Luego de estos dos enunciados podemos concluir que no hay clínica sin Edipo.

 La travesía por los meandros del Edipo determinará toda la vida futura, y los tropiezos que sufra llevarán su marca de origen.

LACAN: “El complejo de Edipo significa que la relación imaginaria, incestuosa en si misma, está prometida al conflicto y la ruina”…….. “Para que el ser humano pueda establecer la relacion más natural, la del macho a la hembra, es necesario la intervención de un tercero”…….”Hace falta una ley, un orden simbólico, la intervención de la palabra, es decir del padre.”

El desentrañar los elementos en juego en el drama edípico y  las fases previas (preedípicas) que son resignificadas simbólicamente desde el complejo, nos dará el instrumento conceptual para comprender las estructuras clínicas y entender por donde pasa la dirección de la cura. Dirección de la cura que para muchos psicoanalistas consistía en generar una especie de regresión hacia un pasado remoto, reino de lo infantil, desandando los caminos que la formación de síntoma había realizado, hasta alcanzar, en una inversión del proceso, lo vivo del núcleo patógeno. Pero esta concepción es una visión ingenua, viciada de una densidad imaginaria que no toma en cuenta lo estructural, ya que todo el universo del sujeto con sus trazas mnemicas se encuentra activo y presente en el propio acto de decir, por lo tanto no debemos hacer una búsqueda hacia el pasado, sino, apoyados en la asociación libre, dirigirnos hacia el futuro del próximo significante, porque lo que nos interesa en el discurso del paciente es lo que está por-venir, aquello que en muchas ocasiones toma por sorpresa al analizante y analista. Rescribir su historia solo lo puede hacer con la misma pluma que condicionó el síntoma, con la pluma edípica. Lo que se trata de realizar es una lectura de lo escrito en lo dicho. Hay Edipo por todos lados, estamos intentando captar este universal que determina las singularidades. Estamos en un primer tiempo fundante donde el niño libidiniza el mundo a través del las figuras paternas fundamentales.

LACAN:”Es lógico que todo recaiga sobre Edipo pues él es el nudo central de la palabra7

Pues bien si esto es así y nosotros trabajamos con la palabra, podemos concluir que el devenir clínico es un recorrido hacia las entrañas de Edipo. Si nuestra escucha esta centrada en la potencialidad significante que porta la palabra, es decir que no nos quedamos solamente con el significado cerrado en lo monolítico de la frase, sino que estamos agazapados esperando los acontecimientos que generan las formaciones del inconsciente, una espera que hace tiempo de escucha de un sentido otro que abre ramificaciones.

La asociación libre del paciente si bien significa para el paciente que todas las palabras tiene la misma importancia en el sentido de que todo debe ser dicho, sin censura, es cierto que no todas tienen el mismo estatuto referencial. El decir del analizante esta condicionado, no es libre de ningún modo, esta sobredeterminado, cualquier línea asociativa lleva, si no se la obtura, a algún sentido sexual. Y todo sentido sexual es un subrogado de la ecuación edípica. De esta forma podemos decir que las asociaciones del paciente se proyectan en la virtualidad de su horizonte al núcleo edípico, que lo ha marcado significativamente en su vida y debe ser recreado de alguna forma durante el proceso analítico. Pero a la vez toda asociación implica un punto de desvió que resiste el libre curso hacia el punto equidistante de toda representación, el sujeto no quiere saber nada de eso. Esta es la dialectica de la escucha y el marco de las intervenciones, porque sabemos que el rosario (cadena inconsciente) se reza solo y no espera que nadie lo rece, es por esto que debemos intervenir de algún modo para que algo de ese rosario se devele.

A la manera del caballo de Troya, la palabra lleva en sus entrañas las representaciones inconscientes que significan todo lo temido y el peligro de la intrusión invasiva de lo reprimido.

Pero si el sujeto comienza un análisis para resolver aquello de lo que padece, debe pasar por la paradoja de dar lugar a aquello que rechaza de sí, de lo que se resiste a trabajar, lo que conduce en muchos casos a la reacción terapéutica negativa que anticipaba Freud. Es la paradoja que se atraviesa en todo análisis, el de rechazar lo que el paciente mismo demanda, la curación, en otras palabras, en los momentos intensos de la cura se apuesta a favor del síntoma.

Por otro lado, en la última reunión veníamos trabajando los pliegues de la realidad y su incidencia en la cura, y ahora podemos dar una vuelta de tuerca más a la cuestión, diciendo que no solo la realidad es psíquica, significante, sino que también es fundamentalmente edípica, la textura con la que percibimos el mundo depende del entramado y la forma de haber atravesado el Edipo. Esta tela tejida por los significantes que constituyen la superficie de su realidad es lo que marca la singularidad y los modos en que el sujeto tropieza, las complicaciones que le suceden en la vida diaria suceden porque no son plenamente asimiladas por el filtro edípico a causas de ciertas fallas en su constitución. .

El devenir síntoma es el reflejo de los tropiezos en la consolidación de la tramitación edípica.

Demasiado apegado al deseo materno en el varón obsesivo, tensión especular con la figura paterna, crisis en el vinculo asfixiante con la madre en la histeria, debilitamiento del nombre del padre en las nuevas patologías del acto, complicidad materna en las perversiones, forclusión del nombre del padre en la psicosis, son algunas de los efectos de la inmersión en el drama edípico.

Todo este apuntalamiento representacional, edípico, forma parte de la primera clínica de Lacan que vamos a desarrollar en profundidad para ir dando lugar a la otra vuelta que Lacan da al análisis.

Un punto de dificultad estructural esta dado porque en la incorporación del sujeto a la ley que lo funda como ser de palabra, lo expone a una alienación conflictiva que significa el poner en caja la sexualidad, a través de la conversión del goce pulsional incestuoso en una sexualidad marcada por la ley del significante.

Este proceso de alienación también es un momento tranquilizador, ya que la intervención de un tercero lo saca del circuito de demanda fusional, entrampante y sin salida que lo signa a la enajenación.

Es un  momento esencial donde este anudamiento original consolida una estructura.

LACAN:”Para que el sentimiento de realidad sea un justo guía, para que la realidad no sea lo que es en la psicosis, es necesario que el Edipo haya sido vivido”

Esto muestra los estragos a los que puede estar expuesta la tramitación del complejo, desde la muerte por los fenómenos de hospitalismo, pasando por las psicosis hasta las descompensaciones neuróticas que en muchos casos se transforma en un calvario. El  padecer, generalmente neurótico, es lo que recibimos en nuestra práctica, angustia, indicios de algo otro en él que no puede manejar, que lo supera, se repite y demanda que hagamos algo con lo que le pasa. No tenemos otra vía que la palabra y esta convoca todo el universo del sujeto con sus anudamientos como marcas de la estructura que condicionan una historia singular, la de este sufriente que tenemos frente a nosotros en las entrevistas preliminares, tratando de que la cosa funcione, que se comprometa en un camino analítico, que nos invista con su mundo libidinal y representacional que llevan el sello edípico, la inscripción de ese núcleo irreductible….