El Dr. Fabián Schejtman es psicoanalista, miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Profesor Titular Plenario de la Cátedra II de Psicopatología y Director de la Maestría en Psicoanálisis de la Facultad de Psicología de la UBA. Docente del Instituto Clínico de Buenos Aires, de la Maestría en Clínica Psicoanalítica del IDAES-UNSAM y del Instituto Oscar Masotta. En su último libro, “Sinthome, ensayos de clínica psicoanalítica nodal”, despliega lo esencial de su tesis de doctorado. A propósito de ello, Iván D’Antoni, director de Lacan Digital, a quien agradezco la iniciativa, me propuso realizarle una entrevista. A continuación transcribo la conversación que tuvimos, frente a su consultorio, en el bar del Museo Evita.

Guadalupe Ceña.

G.C.: ¿Cuándo y cómo empezaste a interesarte en la clínica nodal y el sinthome, tema de tu último libro?

F.S.: Podría decir que comencé a interesarme en los desarrollos nodales de Lacan y en su noción de sinthomehacia mediados de la década del noventa. Pero no sé si podría decir que me interesé estrictamente en la clínica nodal porque, en fin, la clínica nodal… no existe. No existía entonces, en los noventa y no existe… aún. Claro, habría que definir qué es la clínica, pero entendiendo a ésta, brevemente, como abordaje racional, como redoblamiento conceptual de la experiencia del análisis, pero -y esto es crucial- que no tiene existencia o incluso consistencia más que como modo de transmisión de esa experiencia en una comunidad de trabajo, en este caso, en nuestra comunidad analítica, me parece claro que esa clínica -la clínica nodal- está aún por hacerse. La clínica que tenemos, la que hacemos, con la que hacemos lazo, la que está en función en el lacanismo, me parece, es la clínica que se desprende básicamente del grafo del deseo. Trabajamos usualmente con los aparatos de formalización que Lacan estableció en los años sesenta. Diría que pensamos, transmitimos, discutimos nuestros casos con el grafo del deseo y su red conceptual: síntoma, fantasma, pulsión, identificaciones… todo se juega, nosotros jugamos, allí. Entonces, es cierto que Lacan introduce una primera formalización nodal haciendo de Joyce un caso en su Seminario 23… pero esa es sólo la introducción de la cosa. El Lacan que sigue a ese seminario -al que Jacques-Alain Miller denomina el “ultimísimo Lacan”- no continúa luego en esa dirección y más bien produce desde el Seminario 24 una creativa deconstrucción, una puesta en cuestión de toda su enseñanza que, entre otras cosas, deja interrumpidos esos primeros esbozos de clínica nodal del Seminario 23. Y la verdad es que, desde entonces, salvo intentos aislados, no se han visto avances sustanciales en cuanto a retomar o prolongar esos primeros despliegues nodales de Lacan. Y eso, independientemente de que aquí, allá y en todos lados se haga uso de algunas nociones -también la desinthome, por supuesto- que se extraen del “Lacan de los nudos”, pero usualmente perfectamente aisladas del marco de construcciones nodales en el que fueron originalmente concebidas, es decir, sin prolongar o extender de ningún modo esa introducción de la clínica nodal que Lacan ensayó entre 1975 y 1976. Así que, en cuanto a la clínica nodal, estamos en el abecé, eso está en pañales todavía… Pero sí, diría que a mediados de los años noventa comencé a interesarme por los desarrollos nodales de Lacan y por la noción de sinthome que, entre losSeminario 22 y 23 introduce en su enseñanza y, muy precisamente, a partir de la curiosidad que -no por nada- me produjo entonces una conocida afirmación de Lacan, de esa época, aquella en la que señala que, para un hombre, una mujer sería un síntoma. Bueno, así lo propone en su Seminario 22 y también en su conocida “Respuesta a Marcel Ritter” -contemporánea de “RSI”-, porque muy poco después -ya en el seminario siguiente- señala que una mujer sería un… sinthome. Y, precisamente, ahí está el asunto: entre el síntoma y el sinthome.

G.C.: ¿Por qué te parece que se ha hecho tanto hincapié en el sinthome del final del análisis?

F.S.: Me parece que, en término generales… no es que se ha hecho hincapié en el sinthome del fin del análisis, sino que directamente se consideraba -muchos, muchos aún lo hacen- que el sinthome es el estado en el que queda el síntoma una vez concluido el análisis, que sería un producto de un análisis llevado hasta el final. Y se propone muchas veces entonces -hay una bibliografía extensísima en este sentido-, que un análisis conduciría “del síntoma al sinthome”, de modo que no se llega a concebir otro sinthome que aquel del fin del análisis. Se tiene así la idea de que lo que Lacan aborda como síntoma-metáfora, interpretable, formación del inconsciente, en cierto momento, por el trabajo del análisis, agota lo que de sentido tiene para entregar, y uno se quedaría con la dimensión real, el grano de arena para decirlo en sentido freudiano, incurable, con el que uno llega al término de un análisis, en todo caso, a un saber-hacer-ahí… y eso, en fin, no estaría mal, el problema es que se agrega que a ese núcleo incurable del síntoma al que se llega al término de la experiencia del análisis, a eso precisamente, Lacan habría reducido lo que denominó sinthome. Entonces, no es que se hace hincapié en elsinthome del fin del análisis sino que muchas veces no se concibe al sinthome más que como resultado de la cura analítica, ese resto real incurable del síntoma que vendría a encontrarse en ese final. Pero, justamente, no hay nada en Lacan, nada que haga juego con esa idea. Lacan no planteó al sinthome de esa manera: ni subrayó decididamente la dimensión real del sinthome y, sobre todo, no lo consideraba, no lo propuso como un producto exclusivo del fin del análisis. Basta con volver al Seminario 23 -al que tituló, precisamente, El Sinthome– para ver que éste, en lugar de ser propuesto como real, es más bien concebido como el elemento cuarto que anuda lo real, lo imaginario y lo simbólico, y que cuando se toma allí un caso para avanzar sobre elsinthome, se toma el de alguien que, no sólo no terminó un análisis, sino que no lo comenzó: James Joyce, que nunca se analizó. Ahora bien, la razón de la enorme extensión de la idea de que el sinthome no sería otra cosa que algo que resulta del fin de un análisis no es fácil de hallar. Pero es posible soltar alguna “hipótesis”. Si uno googlea el sintagma “del síntoma al sinthome” -que sintetiza bien esta perspectiva que critico- se verá que las entradas son numerosísimas: crecen todos los días. Y, esto es lo que quiero destacar: especialmente en castellano. La diferencia con el francés -“du symptôme au sinthome”– o con el inglés –“from symptom to sinthome”- es notable. Me pregunto: ¿la prevalencia de esta lectura reduccionista podrá ponerse en la cuenta de no sé qué idealización del francés en el psicoanalista hispanohablante promedio? ¿Será más cheto, digamos, terminar un análisis teniendo un sinthome, que teniendo un síntoma? En fin, es sólo una hipótesis. Que, sin embargo, puede cuestionarse enseguida: no explica que, más allá de esa diferencia de cantidad, este reduccionismo no deja de presentarse, también, en lengua francesa e inglesa. Pero, bueno, puede recordarse que Lacan rescata esa escritura antigua para el síntoma y, así, hasta en frances sinthome se lee -si no suena- distante de symptôme.

G.C.: Quería preguntarte entonces cuáles considerás son las limitaciones de abordar al sinthome sólo desde ahí.

F.S.: Bueno, si es difícil establecer las razones de la extensión de este abordaje restrictivo del sinthome que recién critiqué, no es tan complejo darse cuenta de que restringir el sinthome a fruto exclusivo de un análisis llevado hasta su término comporta una idealización y, correlativamente, una esterilización clínica de esa noción. Por una parte, considerar que llega un día en que para un analizante suenan las trompetas, bajan los ángeles del cielo y le ponen la corona del sinthome, como una suerte de saber-hacer -aun cuando se le agregue en el enunciado ese “ahí”, que tantas veces, sin embargo, la enunciación no porta- adquirido para la eternidad… es tan delirante como alejado de lo que acontece en nuestros consultorios o en nuestros análisis. Incluso, en el caso del sinthome post-analítico -podríamos llamarlo así, considerando, es lo que estoy diciendo, que no es el único- no hay allí ninguna garantía de eternidad. El sinthome no es eterno en ningún caso. Si suple la relación sexual que no hay anudando los tres registros, antes, durante, después, en y fuera del análisis -con las diferencias que habría que señalar para cada uno de esos casos-, bien, eso es algo que conviene considerar siempre provisorio. Fallados como estamos -fallados como somos– y, teniendo en cuenta que estamos arrojados en un mar de contingencias que pueden -y usualmente lo hacen- desbaratar nuestras construccionessinthomáticas por robustas que sean, debe reconocerse que estos encadenamientos no son eternos, que estamos forzados a reinventarlos. Por otra parte, es claro que reducir el sinthome al del analizado -el que llevó su análisis hasta el final- lo vuelve una noción inaplicable a los “casos de todos los días”, lo que conduce a la esterilización clínica de esa noción. Por fin, siendo el sinthome una noción clave en la introducción de la clínica nodal lacaniana de los años setenta, su recepción desviada -podría calificársela así- explica bastante bien la falta de desarrollo posterior de esa clínica entre los psicoanalistas: su inexistencia, como lo señalaba antes. Rectificar esa desviación, que nos alejó de la original construcción lacaniana del sinthome, deviene así un paso previo ineludible para retomar, prolongar y volver existente la clínica de los nudos que Lacan introdujo en suSeminario 23. Es uno de mis intentos en mi libro.

G.C.: ¿Te parece que es lo mismo hablar de letra de goce que de sinthome? ¿Cuáles serían las principales diferencias?

F.S.: No, ciertamente no es lo mismo la letra del goce del síntoma que el sinthome. Por ahí subrayo ahora la otra cara del reduccionismo que cuestiono. Reducir al sinthome a resultado exclusivo del fin del análisis, ése es el reduccionismo teleológico. Reducirlo y, a la vez, confundirlo con la cara real del síntoma, con lo que llamamos letra de goce del síntoma, éste es el reduccionismo… realista. A ver, para empezar habría que distinguir dos nociones del síntoma en la enseñanza de Lacan: diferenciar la dimensión metafórica -simbólico-imaginaria- del síntoma que él subraya en los comienzos de su enseñanza, en los años cincuenta, de la consideración del síntoma -simbólico-real- como una letra de goce que está presente sobre todo en su última enseñanza, aun cuando haya antecedentes. Me refiero básicamente a la referencia del Seminario 22, donde se define al síntoma en relación a lo que Lacan llama letra -“todo uno del inconsciente puede traducirse por una letra… y eso es lo que el psicoanálisis encuentra en el síntoma”-, el síntoma como escritura. Entonces distinguimos así síntoma-metáfora de síntoma-letra, pero, y aquí está el asunto: ninguno de estos dos es elsinthome. Porque el sinthome es más bien una función que puede alcanzar tanto el síntoma-metáfora como el síntoma-letra: función de anudamiento, reparación del lapsus del nudo, como se establece en el Seminario 23. Paradigma del síntoma-metáfora devenido sinthome: la fobia de Juanito -a la que desde ya podemos suponerle, obviamente, un núcleo de letra de goce, pero destaco ahora la dimensión metafórica que en el Seminario 4Lacan subraya para la fobia de Juanito-. Entonces, se trata del Seminario 4 con el Seminario 23: la metáfora fóbica de Juanito como sinthome. Suple la función alicaída del padre, claro está, al tiempo que anuda los tres registros y viene al lugar de la relación que no hay… habría que articularlo. En todo caso, los detalles de la escritura de los anudamientos en la diacronía de ese historial freudiano pueden leerse en mi libro, donde también propongo los de Dora y esbozo los del Hombre de las Ratas. En suma, ensayos, esbozos de clínica nodal sobre los historiales clásicos de Freud. Respecto de la letra de goce devenida sinthome, puede señalarse como ejemplo -ahora sí- una de las vertientes -ya que no es la única- del síntoma al fin de la cura, al que por cierto, nada impide considerarlo también del lado del sinthome, pero no ya como exclusividad entregada por el fin del análisis. Por lo demás no veo dificultades para ubicar versiones de la letra de goce devenida sinthomeindependientes, por fuera o antes, incluso, de la experiencia analítica. En fin, además, un síntoma como letra de goce puede eventualmente devenir sinthome y funcionar como tal pero ello no quiere decir que toda letra de goce funcione como sinthome -es que la letra de goce se pesca especialmente en el desencadenamiento, cuando la contingencia apura la desestabilización de la estructura nodal: desinthomatización-. Y, por último, no todo sinthome se soporta de una letra de goce sintomática, ni siquiera del síntoma: además del síntoma, la inhibición e incluso la angustia pueden sinthomatizarse.

G.C.: ¿Y el síntoma metáfora? ¿Existe algún síntoma metafórico que no sea sinthome, que se ubique en el desencadenamiento?

F.S.: Es difícil pensar un síntoma metafórico que no tenga función de sinthome: se trata en ellos, precisamente, del “encadenamiento” significante. Sin embargo Freud tenía la idea de que cuando una neurosis se desencadena, los síntomas del retorno de lo reprimido -que son síntomas metafóricos- están del lado de lo que desencadena o al menos son su señal más pregnante, signos del fracaso de la defensa. Es decir que tienen función de síntoma en el desencadenamiento… no es inconcebible que haya una metáfora que traiga… problemas. Porque, para decirlo brevemente, destacaría la oposición síntoma-problema, sinthome-solución… Aunque, enseguida es preciso matizar: el sinthome no debe concebirse siempre, sin embargo, como el mejor de los mundos. Hay soluciones funestas… y algunos problemas, sin duda, muy saludables.

G.C.: Pero, entonces ¿habría metáforas que podríamos localizar del lado del desencadenamiento?

F.S.: Esa es, al menos, la opinión que tenía Freud, no sé si enteramente del lado del desencadenamiento, pero claramente como su primera señal. Si uno vuelve, por ejemplo, sobre las “Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa” -de 1896-, se encuentra ahí, en primer lugar, con la idea de los síntomas primarios de defensa… Tienen claramente función de sinthome, es decir apoyan la defensa -que, como puede adivinarse es, para mí, la noción freudiana que más se acerca a la concepción de sinthome de Lacan-, funcionan como el moño que viene a cerrar el paquete de la neurosis, lo que Freud llama su predisposición infantil. El síntoma primario de defensa, como sinthome, mantiene estable la estructura, deja al parlêtre adormecido. Luego, un azar de la existencia -Freud habla allí estrictamente de esta contingencia- hace que eso se desempaquete, se desencadene, el síntoma se descomponga… porque hasta ahí era un compuesto, y entonces aparecen los síntomas del retorno de lo reprimido que son señal de que ha fracasado la defensa. Y esos síntomas, que en el caso de neurosis obsesivas pueden ser representaciones o afectos obsesivos, tienen sin embargo la función de sostener un compromiso porque ya hay allí metáfora en juego y, no obstante eso, son síntomas del fracaso de la defensa, síntomas del fracaso… del sinthome, síntomas del desencadenamiento. Más adelante, como se sabe, llegan los síntomas defensivos secundarios: ahí el aparato psíquico viene a intentar reparar lo que se ha abierto, nuevamente es la función del sinthome la que se retoma. Pero entonces Freud concibe estos síntomas del retorno de lo reprimido en función de desencadenamiento… que es más raro de pensar, porque uno tiende a pensar que en el trabajo metafórico hay tramitación del exceso. En fin, quizás pueden plantearse como una primerísima tramitación del trauma del desencadenamiento, y allí ya la metáfora operaría una primera elaboración… del encuentro con lo real. En cualquier caso, el punto es que me parece de mucha utilidad clínica distinguir, precisamente, el síntoma-letra, del síntoma metáfora y ellos dos, a su vez, de la función de sinthomeque pueden, eventualmente, alcanzar.

G.C.: ¿Cuáles son las consecuencias prácticas de hacer pasar un caso por la clínica nodal?

F.S.: Agrego, ¿cuáles serían los beneficios de una clínica nodal, que como dije antes está todavía por hacerse, de la que no hemos dado sino unos pocos pasos, o estamos balbuceando? ¿Qué agregaría la formalización nodal a la clínica que prevalece? Pero, el asunto se inicia con esta otra pregunta: ¿para qué es preciso formalizar en psicoanálisis, para qué hacer clínica, que no es la práctica del psicoanálisis sino su redoblamiento conceptual, como decía al inicio? Porque eso no va de suyo: una práctica puede tener efectos y ser eficaz sin estar esclarecida. Y bien, es un hecho que a Lacan no le bastaba con que el psicoanálisis sea eficaz: siempre insistió en la necesidad de que su eficacia sea elucidada, nunca dejó de exigir al psicoanalista que dé razones. E intentó hacer precisamente eso en su enseñanza, fue un analista que, cuando enseñaba, se esforzaba en dar razones de su práctica. La transmisión del psicoanálisis -sea en la comunidad analítica, o más allá de ella, puesto que es crucial para el psicoanálisis debatir con otras disciplinas- no es posible sin conceptualización, sin aparatos de formalización a partir de los cuales pueda mostrarse -y mejor aun, si es posible, demostrarse- que lo que hacemos no es magia, sino que determinada intervención provoca algo en alguien… por alguna razón. Es decir, el psicoanálisis no es un esoterismo. En el nivel de nuestra clínica, insisto en ello, se trata del intento de abordaje racional de la experiencia del análisis, lo que permite una transmisión. Y eso, aun cuando lo real que en nuestra experiencia está en juego impida una formalización absoluta. Porque ese real, claro está, no puede reducirse, aprehenderse enteramente por la formalización, la nuestra es una formalización no-toda. Pero que haya ese real que resiste, que obstaculice la formalización, que sea un impasse para la formalización, eso no autoriza al psicoanalista a coser sus labios y cerrar su boca. Es preciso dar razón de lo que se hace y de los efectos que se causa. Y bien, para ir ahora al punto específico, la clínica de los nudos comporta el intento de hacer avanzar, de hacer más aguda esta formalización de la práctica analítica -una formalización cuyo ideal, Lacan lo plantea con todas letras en el Seminario 20, es la formalización matemática-. Con el nudo -y la trenza- la precisión que se alcanza en el abordaje de algunos fenómenos de nuestra práctica, a partir de su posible escritura en los cruces de las hebras de lo real, lo simbólico, lo imaginario y el sinthome, ésa escritura nodal, en fin, permite captar matices, hacer evidentes detalles que, creo, no se alcanzan con otros aparatos de formalización que la enseñanza de Lacan entrega. Puede constatárselo en la lectura de algunos de los casos que abordo en mi libro sirviéndome del nudo y la trenza. Pero, bueno, tampoco me parece que esto sea el alfa y el omega de la formalización. Se trata de un aparato de escritura, con el que podemos hacer avanzar nuestra clínica. Y está aún a la espera de que se lo ponga a prueba y desarrolle.

G.C.: Ya sobre el final, ¿una palabra sobre las recientes jornadas “Jacques Lacan y la Psicopatología”, en la que se celebraron los treinta años de la Cátedra II de Psicopatología de la Facultad de Psicología de la UBA?

F.S.: Una palabra: emocionantes.