LAS IMPOSTURAS DEL AMO (1° PARTE)

Lic. Roberto T0rres

En este artículo “LAS IMPOSTURAS DEL AMO” intento pensar la figura del amo en a matriz estructural donde el Amo ocupa un lugar determinado simbolicamente, como punto de anudamiento de una producción colectiva que hegemoniza los elementos en juego, significante que orienta, que marca la dirección del devenir, los flujos no marchan en forma caótica, responden a un esquema dialéctico, a una lógica estructural. 

LAS FIGURAS DEL AMO, EL DESPOTA Y EL BUROCRATA

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El Amo y las estructuras de poder

El amo existe desde que existe la historia humana, desde que el hombre era hombre, desde los orígenes de la humanidad, marcada por el lenguaje. Ante esta matriz estructural lo que ha ido mutando es la forma en que fueron apareciendo las distintas encarnaciones de dicha representación, lideres, déspotas, reyes, burócratas etc. Así se hace patente que todo nivel de organización social debe estar coordinado, dirigido, por personas que ocupen el lugar de autoridad, formal o informal, es decir que cumplan esta función que depende del investimento de los sujetos enlazados al personaje.

Lo primero que podemos pensar es la  diferencia entre las características personales del amo y la legitimación simbólica, es decir entre lo fenomenológico, concreto, visible y lo abstracto y formal, que no tiene que ver con ninguna sustancia física u objetiva sino con el orden de la representación, por sí mismo el sujeto no tiene ningún poder, si así lo cree está loco, es del orden de la delegación del otro, a través de una trasferencia imaginaria pero articulada simbólicamente.

Zizek hace una diferencia entre el amo clásico y el líder totalitario donde aquel va a representar un punto fijo, que manda porque cree que posee la autoridad en si, es el S1, significante amo que ordena al conjunto de los otros significantes (S2), se impone en forma autorreferencial, como significante sin significado. La entrada de la Ilustración en el escenario de la historia, significo un cuestionamiento a esta  instancia de autoridad irracional del déspota absolutista, apareciendo como un corte, un impasse, en la continuidad de esta forma de ejercicio del poder. La historia marcó el retorno de la imagen del déspota en la figura del líder totalitario, que ya no ocupaba el lugar del S1, lugar de concentración del poder, sino como un objeto que encarna al S2, de un saber al que debe responder, se diluye lo autorreferencial, es a otra instancia a la que debe obedecer, desdibujarse el los propios intereses y convertirse en la voz de lo que representa la doctrina, la objetividad de la necesidad histórica. Zizek nos dice que este nuevo amo que se desubjetiviza por una razón más trascendente puede responder a la formula S /a: el semblante de un conocimiento objetivo y neutralizante. Pero esta maquinaria que limita el capricho del gobernante, su subjetividad,  en realidad no representa un progreso social que avance hacia formas de organización mas libres de conflicto, al contrario, en los hechos vemos que no es así, que es tan traumática o peor que lo anterior. Tras el ordenamiento burocrático acecha una voluntad mucho mas despótica e irracional que el amo clásico, una obscenidad que se libera ya que el conjunto (S2) ya no es articulado, limitado por la orden del jefe por más irracional que este pueda aparecer. Antes las cosas se desenvolvían dentro de ciertos parámetros, ahora no es así, ya no esta el acto personal autorreferenciado, sino que el saber totalitario (S2) queda desamarrado de S1 y librado a si mismo cayendo victima según Zizek de una locura homicida, se abre un goce que circula en la totalización de esta neutralidad burocrática, algo del orden de lo horroroso y siniestro se dispara, es el rostro mas cruel de la compulsión superyoica. Es el orden del conocimiento puro, sin mancha, ligado a un saber que se consagra a lo objetivo transpersonal donde lo subjetivo debe deponer sus egoísmos en pos de la Razón histórica. El burócrata se infunde del poder de un absoluto abstracto, más allá del límite del poder personal, este nuevo déspota puede llevar la pulsión de muerte hasta sus últimas consecuencias, ya no es por su capricho subjetivo sino por el mandato trascedente de administrar la nueva realidad de un saber general que se impone por sí mismo y que se debe realizar por la omnipresencia de la verdad histórica.

MODOS DEL EJERCICIO DEL PODER

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El Amo Burócrata y el goce administrativo

Zizek desarrolla tres modos del ejercicio del poder: 1) la autoridad tradicional donde descansa las estructuras institucionales de la sociedad. El que ejerce el poder transmuta sus características personales (buenas o malas) por una función que lo trasciende, esta investido por el lugar, la persona puede estar sospechada, ser muy limitada etc. pero cuando ocupa ese lugar brillan en él los blasones de la investidura colectiva, pierde las características de un sujeto de carne y hueso para pasar al campo de lo espacios ritualizados donde los interlocutores no se dirige al individuo sino a la representación, al significante amo, quedando  influidos por él, en cierta dependencia, delegándole el poder. Este misterio se puede explicar convocando al psicoanálisis para que diga algo al respecto de esta estructuración de la matriz del amo, donde el enigma esta representado por la dimensión fálica, donde sobrevuela la instancia del padre simbólico, que coloca un punto trascendente en los cielos de la creencia. Es así como nos movemos, teniendo como norte estos referentes que encuadran de alguna manera nuestro accionar, no somos totalmente concientes de ello, pero funcionamos en base a sus postulados implícitos, podemos criticar los estamentos gubernamentales, institucionales, pero nos apegamos a ellas, delegamos el poder por la transferencia de amor, sumisos, desempoderados. Son estas instituciones la que llevan en su seno la transmisión de una generación a otra, son los monumentos fácticos de la ley del lenguaje. Con el ritual cotidiano nos convertimos en eslabones que se articulan en la larga cadena genealógica que se pierde en los orígenes míticos. No podemos poner a prueba las instancias en la que delegamos la autoridad, y si lo hacemos podemos descubrir que el padre es un impostor porque no está a la altura de sus insignias. En el plano social si oradamos las instancias institucionales corremos el riesgo de la degradación de la propia transmisión de la ley. El orden de la creencia en que las cosas funcionan nos devela dos cosas, primero que esta ilusión al cuestionarla pone en jaque el orden instituido ya que es una necesidad de la estructura misma que se mantenga cierto orden de creencia,  de identificación se mantenga para que el grupo social se conserve unido, solidario y que sea un soporte simbólico en la transmisión filiatoria y en segundo término vemos que se deben  mantener los tiempos mínimos, necesarios para posibilitar la esperanza, es decir que el poder fálico de la apariencia actual es potencial, que nunca esta realizado totalmente, ni nunca lo podrá realizar, es la confianza de que el gobernante va a cumplir ciertos cometidos, debe existir una reserva de confianza porque si se exige el despliegue total de sus posibilidades se devela la impostura del que ocupa ese lugar.

Estamos dentro de la estructura social por lo tanto estamos alcanzados desde antes de nuestro nacimiento por el tejido simbólico, que nos incluye en la dialéctica del desarrollo de lo humano y nos incluye igualmente en la estructura sincrónica de la organización social actual, somos seres políticos e ideológicos a pesar nuestro.

El concepto de mas-uno se aplica a este ordenamiento ya que el S1, que representa el lugar de autoridad es un lugar vació que trasciende los gestos objetivos del agente de turno, de este modo el que ejercita el poder lo debe hacer sin explotarlo totalmente, si consumir todo el crédito, tenemos más poder mientras menos lo utilizamos, es la eficacia del símbolo. El mas-uno lacaniano es el punto excluido, el elemento vacío que sostiene en su vacuidad al conjunto como totalidad efectiva.

 

2) También tenemos el modo cínico del ejercicio de la autoridad, que se basa más en la manipulación del otro, no se juega tanto en la mediación simbólica de lo institucionalizado. Mantienen cierta exterioridad, no identificándose en el juego de los elementos que sostienen el funcionamiento de los estamentos erigidos para marcar lo normado, lo que significa que a partir de que el Otro no existe concluye erróneamente que el Otro no tiene efectos, erróneamente porque la ficción es lo que permite vivir. El manipulador cínico no deja espacio para la distancia de la ilusión, se aprovecha de lo que esta montado para manipular al otro con el objeto de lo real del goce. No les importa los valores de ciertas representaciones sociales (ética, solidaridad etc.)  porque considera que no tiene relevancia y carecer de beneficios reales, ya que solo les interesa determinados valores que se apoyen en lo real, por ejemplo el dinero, el poder etc.

 

3) El tercer modo de ejercicio del poder es la del totalitarismo que descansa en la identificación fetichista. Lo que caracteriza este modelo es que los sujetos se encuentran ligados férreamente al partido y que por este lazo sienten que son personas especiales. El revolucionario aparece como instrumento del Gran Otro, lo que lo transforma significativamente, investidos por el halo del partido. Hay un redoblamiento del cuerpo, una transformación hacia un cuerpo sublime, encontramos acá a la Cosa dentro de estos sujetos, el agalma que los transforma en seres virtuosos, es el topos del objeto a.