LOS PLIEGOS DE LA REALIDAD Y EL ESTATUTO DE LA CLÍNICA

Autor: Lic. Roberto Torres

En este texto analizo las distintas connotaciones del concepto de realidad, es una aproximación que juega con las herramientas de interpretación psicoanalíticas, donde no solo analizamos la realidad externa social sino otras  perspectivas a partir de tomar en cuenta el dispositivo analítico, la subjetividad y ese exterior-interno de la extimidad de lo real. 

 

LA REALIDAD

LA REALIDAD DESDE EL ESTATUTO DE LA CLINICA

 

ALGUNOS ENUNCIADOS 

 

1: LA REALIDAD ESTA ESTRUCTURADA COMO UN LENGUAJE

2: LA REALIDAD ES PSIQUICA, SIGNIFICANTE

3: LO REAL ES UN IMPOSIBLE PRODUCIDO POR EL SIGNIFICANTE

4: EL LENGUAJE CREA LA REALIDAD DEL INCONCIENTE Y DE LO HUMANO

 

Pensar el concepto de realidad en su complejidad, implica desde el psicoanálisis no adoptar una valoración intuitiva sino una elaboración teórica con los instrumentos conceptuales que nuestra disciplina nos proporciona, ya que según la posición conceptual que sostengamos será nuestra práctica clínica, es decir, que nuestra articulación teórica es directamente proporcional a como abordemos la cuestión de la dirección de cura. Podemos diagramar ciertas divisiones clasificatorias, aclarando que son disecciones artificiosas y forzadas de la realidad, que solo sirven para cumplir cierto objetivo de exposición:

 

1) por un lado tenemos la realidad propiamente dicha representada por lo social externo al encuadre analítico. Es la zona marcada por el Otro social, con sus leyes, sectores simbólicamente determinados etc. Son los determinismos sociales que condicionan a todo sujeto humano.

Es en este cuerpo social donde los sujetos se relacionan en base a la estructura de la comunicación. El estatuto de lo humano está dado por el lenguaje, que nos marca no solo como sujetos lenguajeros sino determinados por la palabra (hablante-ser), la palabra como punto de mediación entre las personas al incorporar el registro de lo simbólico que impide la inmersión en lo caótico y en lo potencialmente destructivo de lo humano. Este orden simbólico estructura lo social en dos vectores: A) Por un lado tenemos un vector vertical que marca el vinculo trascendente entre los individuos, todos respondemos a determinadas leyes que se sostienen por una identificación al significante amo representado por el líder, el representante cultural, el gobernante etc, espacios que lo van ocupando sujetos que deben estar a la altura del lugar simbólicamente determinado. Podemos poner como ejemplo la imagen clásica del grupo que se queda, repentinamente, sin el líder, jefe, etc, cae en el caos y la disolución, pierde lo que le daba cohesión y orden.

B) Por otro lado tenemos el vector horizontal, que une a las personas por identificaciones imaginarias, donde circula generalmente la comunicación, con los que compartimos las situaciones cotidianas, con los efectos de tensión imaginaria-especular etc. Este vinculo esta sometido a los dictámenes del enmarcado trascendente del significante amo.

 

2) También podemos incluir una realidad mítica a partir de la metáfora fundante de la humanidad efecto del parricidio original, esta realidad no necesita una existencia real (que haya ocurrido realmente) para determinar la veracidad del hecho, este acontecimiento fundante tiene una necesidad lógica que responde a una razón estructural, por lo tanto se convierte en un operador simbólico de la estructura, que no posee una existencia empírica. Nos encontramos en un tiempo mítico de la constitución de lo social y sus primeras reglamentaciones, era el tiempo del totemismo edificado por el parricidio ejecutado por los hermanos que en la inermidad de su existencia se rebelan y matan al protopadre que gozaba de todas las mujeres y condenaba por la fuerza a los hijos a vivir en la marginalidad.  Estos hijos luego del parricidio y en lo mortífero de su libertad convocan su presencia (ya que también lo amaban) para que sirva, como representación, de ordenador del caos de la horda, de este modo el padre muerto tiene una realidad (espiritual) mas poderosa que el protopadre de la realidad objetiva, este padre significante se encuentra inscripto en la subjetividades, luego el traspaso de la posta simbólica lo toma el animal totémico y así continuara el proceso de institucionalización de lo social y lo humano, con su maquinaria legal e institucional.

 

3) Debemos agregar nuestra realidad analítica con su dispositivo clínico conformado no solo por la topografía del espacio del consultorio sino fundamentalmente determinado por la simbólica de la regla fundamental, donde transcurre el tiempo del análisis, es la escena analítica propiamente dicha con un formato de funcionamiento que hace corte con la dinámica social, lo que puntúa un discurso específico que solo se sostiene en el artificio del dispositivo.

Hay un orden de incompatibilidad fundamental entre la realidad social y la analítica, porque responden a reglas de funcionamiento diferentes. En la clínica el punto referencial es un discurso muy particular que no se basa en la comunicación de los sujetos que transcurre en el mismo nivel de enunciado, donde circulan los mensajes en los tiempos de la recepción y la emisión de los mismos. Este esquema comunicacional no ocurre en la clínica que representa una estructura disimétrica donde uno de los miembros, el paciente,  es el que debe aportar el material clínico, es el que habla de sí, y el otro participante de la escena, el analista, interviene a partir de lo que le dictamina su función que es fundamentalmente la de escucha y el silencio en si.

Esta matriz clínica no se apoya en los significados del mensaje, en lo social habíamos visto que lo que importa es que el mensaje llegue lo mas depurado posible, sin ruidos en la comunicación, en la cura se invierte el proceso y lo que importa es lo que hace ruido, lo que interfiere en la comunicación, son los lapsus, los trastrocamientos del lenguaje etc, en definitiva son las formaciones del inconsciente la que sirven de objeto de intervención.

Ya que hablamos de realidad debemos decir que al psicoanálisis no le interesan lo hechos como modos fenoménicos de existencia. Freud salió del atolladero de las situaciones traumáticas que algunas histéricas padecieron en la infancia, ligadas en todos los casos a lo sexual, donde en un primer momento se pensó que fueron hechos realmente ocurridos pero después descubrió que eran hechos fantaseados, pero que esta realidad fantaseada tenía mas poder patógeno, causal, que lo realmente ocurrido, es más, observo que no es la situación externa lo determinante, ya que un acoso sexual se convierte en traumático por efecto del fantasma y no por el hecho en sí. Por lo tanto en la cura no interesa aislar los hechos de la vida del paciente, sino extraer los hechos de la palabra misma, que se vuelvan significantes, lo que significa que en muchos casos los hechos son distorsionados (recuerdos encubridores), inventados, etc. 

 

4) Por otro lado tenemos la realidad de lo subjetivo, que se constituye en el objeto de nuestra intervención. Esta subjetividad aparece como una superficie tejida por el significante y el significado que constituyen la pantalla con la cual percibimos la realidad social y la nuestra, la propia, la individual. Estamos en el orden de lo ilusorio que permite vivir y devela que la verdad tiene una estructura de ficción. Representa la articulación de los registros simbólicos (significante) e imaginario (significado) que generan las significaciones que utilizamos y que marcan el derrotero de los afectos, ya que estos no flotan solos.

 

5) Podemos indexar a esta realidad psíquica otra realidad dentro de ella misma, perteneciente al núcleo duro de lo real, que no puede ser asimilado por los otros registros de lo simbólico e imaginario, es un punto de exclusión subjetiva pero que a la vez representa lo mas intimo de los sujetos, es lo que Lacan planteaba con el neologismo EXTIMIDAD, lo más externo pero a la vez lo mas interno e intimo de cada uno. Por esto podemos decir que esta realidad es la que incluye lo real del goce y la pulsión.

 

5: REALIDAD ES FICCIONAL PRODUCTO DE LOS REGISGROS IMAGINARIO Y SIMBOLICO

6: CONSERVAMOS UN REAL EXTIMO QUE REPRESENTA EL NUCLEO ONTICO QUE TRASCIENDE LOS OTROS DOS REGISTROS

7: LO REAL LIGADO AL GOCE

 

Aparte de lo simbólico que constituye en el armazón significante y los puntos de capitonado de las significaciones imaginarias, debemos preguntarnos si toda la realidad se reduce a lo simbólico e imaginario, al significante y significado, que generan los efectos de significación. Ante esto Lacan empieza a darle más consistencia al tercer registro, el de lo real, como punto de opacidad que comienza a tener un estatuto mas decidido en el orden de la estructura y de la realidad.

De este modo vemos que hay otra realidad que la que nos muestran los sentidos, es la realidad que constituye el núcleo óntico del sujeto, su realidad más intima, su agalma.

Esta realidad escapa a la contaduría de toda clasificación del sentido común, de la ciencia y la filosofía pero es la que nos interesa en la clínica psicoanalítica por que forma parte del hueso del análisis. Esta es la visión de que no solo trabajamos con el significante, la representación, el fantasma sino con un más allá de lo representacional, donde encontramos el reino de un real excluido e inabordable desde el orden de la palabra y lo simbólico, real que posee otro estatuto de existencia

 

Tenemos entonces:

 

  • 1) por un lado un borde externo que es el que dibuja la realidad propiamente dicha, basado en los componentes simbólicos e imaginarios en juego, es el trenzado con el que percibimos esta realidad, lo que le da la textura de superficie  y
  • 2) por otro lado un limite interno, que paradójicamente abre un exterior-interior,  representado por un real inaccesible por el sistema del aparto psíquico.

 

Es este núcleo de real interno el que impide que la cosa sea transparente, es lo que podemos denominar el objeto a, el objeto perdido, ligado mas al orden pulsional que a los objetos externos, es un objeto no visible ni fenoménico, es este núcleo traumático el que se constituye como algo no digerible y se fija en el centro de lo anímico impidiendo todo tipo de identidad del sujeto consigo mismo. Es el objeto psicoanalítico por excelencia, que no se confunde con los objetos externos, es el objeto por donde la pulsión realiza el bucle necesario para la satisfacción en la zona erógena, por eso para Freud los objetos externos eran los más variables y de menor importancia en el circuito de la pulsión.

La referencia del análisis debe estar centrada en la realidad del discurso, lo que marca que no se va a sofocar un recuerdo porque esté marcado por la duda de su existencia real, la pregunta aquí es como intervenimos ante este episodio clínico, una posibilidad es intervenir para que el sujeto se de cuenta que ese recuerdo es ilusorio y que en realidad no debe preocuparse porque es falso lo que piensa, que es un error generado por el paso del tiempo. Lo que debemos percibir es que la realidad distorsionada de este recuerdo si bien no representa nada de la realidad fenoménica, significa el indicio, el punto de emergencia de la verdadera realidad causante de la sintomatología que padece, de un real causal. Si una paciente relata que durante mucho tiempo de su infancia sentía que estaba embarazada, a causa de un hecho ambiguo con un tío, lo que expresa es la verdad de lo que se sostiene en la falsedad del recuerdo. La certeza de estar embarazada es un constructo fantasmático que responde a un deseo histérico. Es en el orden de la mentira, el error, la falsedad donde encontramos la verdad de la realidad particular de cada paciente.

Podemos decir que toda la plasticidad que encontramos en la dialéctica de lo simbólico y lo imaginario, que permite el movimiento de los elementos y una totalización que nos permite comprender las cosas, se contrapone con el punto rígido, no dialéctico que no puede ser absorbido ni elaborado por los otros dos registros (simbólico e imaginario).

 

8: LA REALIDAD NO SE REDUCE A LO DESERTICO DE LO SIMBOLICO

9: NI A LA SUPERFICIE TEJIDA JUNTO A LO IMAGINARIO CON EL QUE SE VINCULA EN EL ORDEN DE LA SIGNIFICACION

10: HAY UN PUNTO DE OPACIDAD EXCLUIDO DEL TEJIDO AL QUE LE DA CONSISTENCIA

11: ESTE PUNTO DE OPACIDAD ES LO REAL EN SU ESTATUTO DE GOCE

12: ESTE REAL ES TRASCENDENTE A LAS LEYES DE LO SIMBOLICO E IMAGINARIO

13: ESTE REAL ES UN INABORDABLE DESDE DONDE SE MUESTRA INSTRUSIVO ANTE LA FRAGILIDAD DE LOS OTROS REGISTROS

 

Esto nos acerca a la concepción psicoanalítica-lacaniana donde el conjunto del lenguaje solo es posible con la exclusión de un elemento a través del proceso de represión, es la represión que funda a un sujeto marcado por la ley, la que permite, en base a este rechazo de lo sexual-incestuoso, sostenernos como sujeto parlantes e integrados en una comunidad social.

Este es el punto de real que 1) por un lado tiene una connotación negativa al sufrir el confinamiento del los elementos-restos de lo incestuoso, es el punto donde se refleja la exclusión y 2) por otro lado una connotación positiva que es la de contribuir a la fundación de lo humano y la realidad. La racionalidad de la realidad se apoya en un punto irracional que sostiene su existencia.

Desde el psicoanálisis encontramos este objeto-real, domesticado de alguna forma al constituirse el fantasma ($-a), importante como referente clínico, fantasma como esa mixtura de los tres registros, que tiene una función esencial, en los primeros tiempos de nuestra existencia, al servir como punto mediación entre lo que invadía al niño desde lo pulsional y lo que le permitía una toma de posición ante la realidad.

El fantasma como intento de solución ante el problema que le significa lo sexual y es el que le brinda al niño el marco que da coherencia a la realidad, esto es muy importante para pensar que nuestra relación con el mundo no se sostiene solamente en la comprensión racional y de sentido de lo que vemos, porque esto no explica los fenómenos de descomposición del mundo, los puntos de anonadamiento y los efectos de despersonalización, los que responden a otra lógica. Esa otra lógica, la que trabaja el psicoanálisis, es la que emerge cuando aparecen los ataques de pánico, los terrores nocturnos, donde nos vemos arrasados en nuestro sólidos procesos racionales, cuando el niño sabe y le han dicho que ¡los fantasmas no existen! tenemos una mala noticia que darles a este niño y a los adultos en general: los fantasmas sí existen y gozan de buena salud.

Lo que podemos decir al respecto, como una explicación de estos fenómenos que nos invaden en la cotidianeidad, es que en esos momentos en el sujeto ocurre un cambio en el marco fantasmático, lo que en un momento de nuestra existencia sirvió como 1) un salida ordenada de los avatares del complejo de Edipo, 2) ahora es impactado y la realidad se distorsiona, es en esta desacople momentánea del fantasma donde somos invadidos por una angustia desmedida y todo tipo de vivencias pesadillezcas. Esto es lo que logró descubrir el psicoanálisis, que la fantasía sostiene la realidad, la enmarca. Es a partir de este corrimiento en el fantasma como podemos sufrir los fenómenos de despersonalización cuya consecuencia es la perdida de la realidad. Esta perdida de realidad es la que nos colocan en un lugar de vulnerabilidad, ya las certezas que nos acompañaban han desaparecido o se han debilitado, ya no tienen la misma fuerza, no nos sirven. Lo que era familiar se torna extraño ya no nos contiene, estamos a la deriva, puede ser solo un instante pero suficiente para conmovernos en nuestro cimientos. Es en este punto donde aparece esa figura de la muerte, como que todo se puede acabar, o que de algún lado oscuro nos acecha una presencia que ni siquiera podemos darle forma porque si le damos forma probablemente perdería su potencial efecto terrorífico. Estamos en el orden de un fantasma que nos protege de la intrusión emergente de un real desbordante.

Desde esta perspectiva podemos concluir que la realidad causal de lo patógeno del sujeto no se encuentra en la realidad externa sino en el interior del interior de la subjetividad, aquello exiliado de sí para constituirse en los restos perdidos de la operación analítica.