LOS TRAZOS DE REAL DEL INCONSCIENTE (MARIO GOLDENBERG)

En su Nota sobre el concepto de lo inconsciente en psicoanálisis[1] de 1912, Freud intenta exponer con la mayor claridad el “sentido” que en psicoanálisis se atribuye al término “inconsciente”.

El artículo fue presentado en inglés en la Society for Psychical Research de Londres y traducido al alemán, un año después, para publicarlo en el número de Internationale Zeitschrift für arztliche Psychoanalyse de marzo de 1913. Introduce tres usos del término inconsciente como: descriptivo, dinámico y sistemático. El carácter descriptivo refiere a representaciones que quedan momentáneamente fuera de la conciencia y luego pueden ser recuperadas. La idea inicial de Freud para la cura analítica era hacer consciente lo inconsciente. El carácter dinámico toma como modelo la hipnosis, que es el antecedente directo del psicoanálisis.

Bernheim, Charcot, Janet, Breuer y Freud habían recorrido la experimentación por la hipnosis. En uno de sus primeros artículos Freud refiere al mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos, donde comprueba que el mecanismo de formación de síntomas histéricos podía reproducirse artificialmente mediante la sugestión pos-hipnótica. Una orden en estado hipnótico deviene una acción eficiente, sin que el hipnotizado recuerde la orden. Freud lo compara con la vida anímica de la paciente histérica, donde sus síntomas, por ejemplo: el vómito, proviene de pensamientos inconscientes referidos a un embarazo, pero ella puede que no tenga noticia de esa idea. Estas perturbaciones Freud las ubica en serie con los lapsus linguae, errores de memoria, olvido de nombres y sueños.

Justamente en su teoría de los sueños da cuenta del mecanismo eficiente de pensamientos inconscientes en la formación del sueño. Freud pone el acento en el relato del sueño, más que en el sueño soñado. Va a decir, que hallamos en la improvisación arbitraria un texto sagrado [2] o también que un número elegido al azar está comandado por pensamientos que escapan a la conciencia. Freud encuentra allí algo cierto donde apoyar su teoría. Lacan en su retorno a Freud, que tiene un carácter inicial en su enseñanza, va a formular que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. También en su Escrito sobre la carta robada[3] va a ubicar la lógica simbólica que comanda el azar. Sin embargo, en El Seminario 1[4], cuando compara al sueño con el síntoma sitúa la diferencia entre el primero como poema épico (el sueño) con un tratado de termo dinámica (el síntoma), por su articulación con su economía libidinal y la del sujeto. La estructura homóloga le sirve a Freud para considerar al síntoma y al sueño como cifrados y la tarea del análisis consiste en un desciframiento.

Freud no tomó los aportes de la lingüística del siglo XX, sin embargo el punto de partida del psicoanálisis en su diferencia con la clínica médica, que ya conocía y describía los síntomas, es considerar que los síntomas tienen un sentido que en la experiencia analítica se revela como un sentido sexual. La realidad sexual del inconsciente corresponde a un sentido gozado. Freud encuentra muy tempranamente que hay un límite al desciframiento, uno de sus argumentos clave es el ombligo del sueño, cuando plantea que no todo sueño puede ser interpretado y que un sueño interpretado no puede ser descifrado del todo. Dice que es preciso dejar un lugar en sombras, al que llama el ombligo del sueño.

La teoría freudiana, avanza a partir de las resistencias en la cura. De hacer consciente lo inconsciente como primer momento, pasa a las resistencias en transferencia y de allí al carácter mudo de la compulsión a la repetición, cuando conceptualiza la pulsión de muerte. Podemos decir que la estructura del lenguaje del inconsciente encuentra un real.

Lacan plantea en su última enseñanza que el carácter del semblante del inconsciente consiste en saber hacer con lalengua. En tanto lenguaje es una elucubración de saber sobre lalengua.

Lacan pasa de considerar al sujeto como representado por un significante para otro significante, a conceptualizar al hablante con lalengua, que no es sólo la representación, sino que es a la vez su modo de gozar; en lalengua no hay nada que diga de la diferencia sexual, esta se constituye por identificaciones que ordenan la sexuación a partir de la relación al Φ.

El real de la lengua, implica que en el mundo humano a diferencia del mundo animal, donde todo macho es apto de copular con toda hembra, para el parlêtre no hay relación necesaria con el Otro sexo, solo la contingencia del encuentro. Lacan se pregunta en L’etourdit[5], por los trazos de real del inconsciente.

Lo real del inconsciente no es la estructura del lenguaje, sino lo imposible de la relación del sexo, y a la vez del carácter contingente del encuentro.

Podemos oponer estructura del lenguaje, a la última concepción de Lacan del síntoma como acontecimiento del cuerpo. La enseñanza de Lacan es un tránsito del poder de lo simbólico a la potencia de la contingencia como fijación de goce. Un pasaje del determinismo a la indeterminación de lo real. Cabe recordar que al final de la Introducción a la edición alemana de los escritos[6], Lacan plantea que lo imposible en un análisis no se demuestra por lo necesario sino por lo contingente.

El síntoma neurótico no cesa de escribir el padecimiento sobre un fundamento vacío, aquello que no cesa de no escribirse, la relación sexual. La vía de la contingencia indica un real que agujerea el saber, el plano de las identificaciones y lo necesario de la repetición que interpreta la castración siempre de la misma manera. En Freud hay huellas de ese inconsciente real: lo visto y oído no comprendido, las vivencias sexuales infantiles, también quizás podemos agregar desde el último Lacan, los restos diurnos que son lo contingente en el texto sagrado del sueño, una traza de lo real del encuentro.

Fuente: Revista digital Virtualia