ESTRUCTURA NEUROTICA:  (1° PARTE) ALGUNOS ANALISIS EN LA LINEA FREUD-LACAN

Autor: Lic. Roberto Torres

FREUD SIEMPRE FREUD

Freud en su búsqueda del tratamiento de los trastornos mentales va dando una importancia creciente a los fenómenos ligados con la fantasía y las formaciones del inconsciente, haciendo pasar a un segundo plano la realidad objetiva. De esta forma la neurosis aparece como una formación asocial y privada, generada por los procesos de introversión de la libido, desanudada de su relación con el exterior fenoménico y vuelta sobre si, refugiándose en las fantasías y generadora de los procesos patógenos. Es en estas fantasías donde se produce una etapa intermedia en los neuróticos, una especie de punto de reordenamiento, inestable para la subjetividad, lo que hace necesario un suplemento, un refuerzo, que logre estabilizar nuevamente al sujeto, es la apelación a los mecanismos de defensa por la emergencia de angustia, apelando al síntoma como una forma de solución radical. Sintetizando lo que Freud plantea, podemos decir que un recorrido posible es: conflicto intrapsiquico (angustia etc.) reflejado en las relaciones con el mundo (inhibición, tensiones en las relaciones etc.), introversión de la libido, reciclando en el fantasma y la correspondiente formación sintomática. En esta reorganización psíquica se han sustituido los objetos reales por objetos fantaseados, lo que le significa una solución coyuntural, provisoria, que va a poner en crisis al sujeto.

Para Freud el proceso de represión marca la normalidad psíquica (mantenimiento de cierto equilibrio funcional entre las instancias) o lo patológico (conflicto entre instancias), nos encontramos entonces con una represión exitosa o que fracasa en su objetivo de sofocar los componentes generadores de angustia. En el neurótico la represión se torna lábil, y le significa un gasto permanente de energía. Cuando fracasa este mecanismo el deseo inconsciente logra filtrar sus ramificaciones haciendo entrar en crisis al sujeto, con el riesgo de formaciones sintomáticas. De este modo se focaliza el conflicto ambiguo en la instauración del síntoma, intento de solución que se manifiesta como una formación de compromiso entre las instancias.

El conflicto actual del neurótico solo es analizable si se reconduce al conflicto primario, a la historia infantil del enfermo

En un circuito neurótico es el mismo sujeto el que produce aquello que lo van a comprometer afectivamente, los actos están determinados inconscientemente vinculándose sintomáticamente con la realidad.

El neurótico se ve en muchos casos inhibido en su acción, hipertrofiando los aspectos intrapsíquicos por el efecto de introversión de la libido. De esta forma el pensamiento en el neurótico surge como un sustituto del actuar, replegándose en escenarios privados, para no enfrentar una realidad que le resulta intolerable. Una neurosis ya constituida no es otra cosa que: por un lado, la resignificación simbólica de todo proceso histórico y por otro lado, el efecto de la sobredeterminación de los síntomas infantiles, así es como un conflicto nuevo recrea un antiguo.

Lo que Freud ha descubierto y lo va trabajando cada vez más es que hay una articulación entre el conflicto presente y un conflicto antiguo, infantil, inconsciente, que si bien quedó reprimido, no le impidió articularse y constituirse en un proceso psíquico continuo, que se fue tejiendo desde una primera represión fundante y luego se prolongo, en las sombras, como un proceso imperturbado e inmutable ligado a la sexualidad y las fuerzas pulsionales. Desde este esquema general Freud describe una infraestructura sexual reprimida, cuyo estado de exclusión no le quita protagonismo, al contrario, se convierten en los elementos básales de la arquitectura subjetiva, estructura sincrónica primordial y causal de la neurosis 

LACAN POR SUPUESTO

ENUNCIADO 1: PARA EL PSICOANÁLISIS NO HAY NEUROSIS SIN CLÍNICA

ENUNCIADO 2: LA NEUROSIS QUE ABORDAMOS  ES LA NEUROSIS DE TRANSFERENCIA

ENUNCIADO 3: HOMOLOGÍA ESTRUCTURAL ENTRE CONFIGURACIÓN PSÍQUICA, NEUROSIS Y CLÍNICA

Podemos establecer la necesidad lógica de una conformación estructural donde el sujeto para existir se debe inscribir en el Libro del Gran Otro, incorporando el lenguaje, y recibiendo un nombre,  que le de lugar en lo simbólico, esto lo puede realizar si encuentra sitio en el Otro, este Otro se va a articular hilvanando los elementos bajo las puntadas maestras de la función paterna instauradora de la ley y de la coherencia interna del sistema Es en este contexto jugado fundamentalmente en el Complejo de Edipo y la castración, donde el sujeto va a realizar su apuesta fundamental para ubicarse como existente y sexuado en la dialéctica de su deseo con el deseo del Otro, reglado por el significante fálico.  

Desde Freud y retomado por Lacan se planteaba la dialéctica subjetiva, donde en las formaciones del inconsciente la represión y el retorno de lo reprimido son la misma cosa, el anverso y el reverso de un mismo proceso que se realiza entre las instancias del psiquismo, lo que devela el isomorfismo de la estructura, punto fundamental que permite abordar la neurosis a partir de la palabra, palabra que convoca no solo otros decires por venir, sino que actualiza todo el universo del sujeto, habilitando al analista la intervención sobre el tejido significante y la posibilidad de llevar adelante la dirección de la cura a través de la vía representacional. Aquí vemos que todo ocurre en el mismo registro simbólico, comprometiendo al sujeto entre estratos funcionalmente diferentes.

En la neurosis los puntos ciegos están generados por la opacidad subjetiva de su estatuto, debido al doble registro significante, se reprime, se cortan los enlaces entre las representaciones, aislando los significantes, invirtiendo los sentidos, etc, sin romperse el tejido de la estructura, como ocurre en la psicosis, lo que hace que la significación se deslice sin colapsos estragantes, ni que ponga en cuestión la estructura en su conjunto.

En la neurosis lo imaginario y real entran en lo simbólico, dependen de su regulación, caen bajo su régimen que no es otro que el de la ley paterna, desde esta perspectiva podemos comprender que la neurosis esta estructurada como un lenguaje, de la misma manera que el síntoma, el análisis, los sueños etc., todos marcados por el significante.

En la neurosis el mecanismo de defensa fundamental, no es la forclusión (psicosis) sino la represión cuya función esta referenciada en la instancia paterna del nombre-del-padre.

Lacan señala que en el neurótico el síntoma se muestra como una opacidad fugitiva, a causa del síntoma, la represión, y el espesor significante, mientras que para el psicótico es una transparencia, a cielo abierto.

Al hablar de Complejo de Edipo y de la ley, Lacan siguiendo a Freud plantea la importancia del Complejo de Castración, siendo este el que condiciona el temor narcisismo ante la amenaza de su cumplimiento. Este temor fantaseado, virtual, es el que va a disparar el síntoma y la estructura neurótica, como formación defensiva ante la emergencia de lo real del goce, apareciendo como un repliegue ante lo temido.

El modo en que el niño transite el Edipo y la castración, como nudo ordenador del aparato psíquico, marcara gran parte del destino futuro del sujeto

Lacan: “Esta castración no pone en juego el objeto real sino el objeto imaginario, cuyo agente es el padre real y la amenaza se da en el plano simbólico”.

En el seminario 5 Las Formaciones del Inconsciente se plantea la pregunta si puede existir neurosis sin Edipo. En realidad la existencia de todo sujeto debe pasar por los desfiladeros del drama edípico. En este drama vemos el papel central del Nombre-del-Padre en el sostenimiento de todo el sistema significante en su conjunto de donde parte el discurso de la ley. Es aquí donde el falo cobra toda su importancia.

Es decir que a todo individuo se le plantea la cuestión de simbolizar su deseo y solo lo puede hacer apoyándose en el signifícante del falo, porque su estatuto es el de ser el significante de lo significado, y fundamentalmente el significante del deseo.

El falo aparece como el elemento articulador del los avatares del deseo en su relación con el deseo del Otro, es decir que para que cada uno pueda significar su deseo debe ponerse en funcionamiento el significante falo.

En el orden de lo simbólico y del significante Lacan plantea que en la clínica debemos abordar a la neurosis como una lengua particular, que tiene sus propios bordes y articulaciones.

El sujeto se incluye en lo simbólico, encuentra sitio en el Otro, para ubicarse como existente. De esta forma todo sujeto no solamente se relaciona con otros, sujetos concretos, semejantes desde el registro de lo imaginario, sino que esos otros representan al Otro desde lo simbólico. Por eso cuando el neurótico habla de sus relaciones interpersonales, y de las cosas que en general le pasan en la vida, que algunos lo ligan con un destino trágico, en realidad debemos tomarlo como la forma que el sujeto tiene de posicionarse con este Otro, que lo individualiza y determina su accionar.

Es en relación con este Otro que el sujeto monta sus demandas, los otros, los semejantes, son el soporte imaginario para la demanda, que a la vez escenifican las propias, generando una dialéctica del doble juego de demandas que ponen en escena deseos y objetos que se  corresponden, mas que a lo fenoménico, a la extimidad de un real forcluido.

El neurótico establece su demanda en relación a su deseo, pero esta demanda esta montada sobre sustitutos, es decir que lo que demanda, lo demanda para otra cosa, el neurótico como sujeto dividido y escindido de su deseo, no puede demandar más que sustitutos, los que no lo satisfacen, porque lo que realmente desea es imposible, entonces cree que demanda lo que quiere pero en realidad es una demanda sesgada, en realidad el sujeto desconoce cual es su verdadero deseo, a causa de la barrera de la represión. La demanda es absoluta porque no es eso, porque su proyecto tiene que ver con el deseo, y el pedido se dirige en el orden de la demanda, la que se encuentra en otro nivel.

El deseo del neurótico es un deseo proyectado en el horizonte de sus actos, Lacan en el seminario 6 “‘El deseo y su interpretación” nos dice que el neurótico está siempre en el horizonte de sí mismo, preparando su advenimiento. Aquí es donde se juega el manejo particular de lo temporal en el neurótico, este esta siempre armando su equipaje, preparándose para el gran viaje. Revive una y otra vez distintas escenas o la misma escena desde diferentes variantes. Arma las valijas, pero por distintas razones, no arranca, esta fijado, inhibido, se deprime para luego volver a empezar nuevamente. Se trata de armar el equipaje, una y otra vez,  para un viaje que no hará jamás. Es el matema neurótico, la ecuación fallida que escenifica el triunfo de su fracaso. El obsesivo siempre se prepara, en la intimidad, para iniciar el gran proyecto, donde esta en juego el valor y lo heroico. En cambio la histeria, pese a sus temores busca encontrar el amor, el buen encuentro. Ambos preparan sus respectivos equipajes, pero dentro de los mismos se encuentra la programación de su fracaso. Acto logrado en el atascamiento de su propia realización.

En relación a su acto el neurótico se encuentra en relación a su objeto siempre a destiempo, lo que Lacan manifiesta cuando dice que es en la hora de la verdad, el objeto esta en la hora anterior o en la hora posterior. 1) La configuración del obsesivo esta en función de un deseo imposible, que a la hora de su verdad, cuando su querer lo escenifica en alguna actuación, aparece esta distancia entre lo que quiso lograr y lo que logró, un demasiado tarde. Se encuentra en el orden de la postergación. 2) En la histeria todo se juega en otro registro, para ella su deseo esta expuesto al malestar permanente, su deseo es un deseo de insatisfacción, donde se manifiesta lo que en los orígenes del trauma, aparece un demasiado temprano, en su inmadurez fundamental, se anticipa a lo que va a suceder, prepara su desilusión.

El neurótico encuentra en sus fantasmas una forma de ordenarse ante el deseo del Otro, de la angustia y del conflicto que lo acecha, en este fantasma el sujeto desea desear, esto lo sostiene en su precariedad, se expresa en los síntomas donde aflora su goce, situación paradójica ya que en realidad los síntomas lo incomodan, le son insatisfactorios, pero lo detienen en lo no realizado, lo que lo tranquiliza.

En toda elaboración podemos observar que el sujeto tiene que elegir como posicionarse respecto a su deseo, esto no se realiza como una planificación razonada, ya que los hilos de su existencia no los maneja sino que aparece más bien como una marioneta manipulada desde lo alto por el Otro simbólico.

El sujeto aparece dividido por su deseo, no puede ser de otra forma por la existencia de la cadena inconsciente que tiene entidad propia, donde circula el deseo y sus subrogados, ese rosario se sigue rezando solo, a pesar de las buenas intenciones.

¡No son buenas noticias para el neurótico

 

Lic. Roberto Torres Psicólogo Córdoba tel. 152-016211