VIOLENCIA DE GENERO: EL HOMBRE VIOLENTO Y LA NEUROSIS OBSESIVA

Este artículo “VIOLENCIA DE GENERO: EL HOMBRE VIOENTO Y LA NEUROSIS OBSESIVA” forma parte del Seminario Online sobre VIOLENCIA DE GENERO,  (todas las clases la puede localizar en esta página) seminario cuyo objetivo es analizar desde el punto de vista estructural, clínico, psicopatológico, social y político la problemática de la VIOLENCIA DE GENERO. 

Autor: Lic. Roberto Torres

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VIOLENCIA DE GENERO: EL HOMBRE VIOLENTO Y LA OBSESION

 

Estimados miembros del seminario, comparto la última clase del Seminario donde vamos a tratar el tema del autor de violencia (victimario) desde el punto más general (mayoría de los casos), donde se vincula al agresor con el hombre y la víctima con la mujer (aunque no siempre es así, está la violencia cruzada, y la situación de las mujeres violentas).

 

*el Acto del sujeto que actúa la violencia de genero presenta, en muchos casos, una doble cara: 1) por un lado se presenta apegado a las regla, al orden y a la representación de la realidad, se presenta como un sujeto socialmente correcto, hasta puede sobresalir por algunos rasgos reconocidos y valorados, pero 2) por otro lado, su reverso impulsivo, violento, fuera de todo límite en el orden de la convivencia y comunicación humana. Esto se refleja en lo que muchas víctimas dicen,  que “tiene una doble personalidad”, “es bueno pero se transforma” etc.

 

*Se muestran apegados al amo (en el vídeo las representaciones paternas), al ideal (los blasones familiares), al padre al que obedece pero con el que confronta inconscientemente, es el orden de la unariedad, de los significantes amos impuesto, en el orden de la filiación o en los patrones sociales de género, que siente que debe reproducir, respondiendo al mandato e interpelando a su compañera

 

*Conscientemente puede rechazar el modelo paterno impuesto (en su infancia se opuso poniéndose del lado de la madre) o adherir, tratando de adaptar a su pareja a esos valores, sin violencia (video), pero inconscientemente actúa haciendo hasta lo que en su cotidianeidad  no quiere y hasta rechaza,  pero que, en determinados momentos, se siente impulsado a actuarlo, lo que implica una adherencia inconsciente al juicio y valorización degradante de la mujer que quiere

 

*doble valencia de la mujer para el hombre según Freud, la puta y la santa, donde desea no puede amar y donde ama no puede desear, desde la violencia de pareja podemos pensar que las dos mujeres (puta y santa) convergen en una sola mujer, la víctima, la puta lo impulsa a juzgarla y violentarla y la santa lo lleva a pedir perdón, se arrepiente, prometiendo algo que no va a poder sostener, porque el próximo ciclo de violencia se avecina.

 

*La adherencia neurótica de los miembros de la pareja y su imposibilidad del corte es lo que mantiene todo en el orden de repetición, del más de lo mismo, de la mismidad, el hombre lo escenifica  en el temor a perderla, al punto de optar  por el paso al acto homicida antes de aceptar el corte, siente una vivencia de insoportabilidad ante la pérdida de objeto de amor que es su posesión.

 

*Se presenta acorazado, con dificultades de expresar los sentimientos, rígido, nada lo afecta, mostrando un esfuerzo por mantener el orden y el control de las cosas, intenta el control de la subjetividad del partenaire, nunca lo logra, falla en los intentos de control porque el punto de opacidad, de conflicto fundamental, de motorización del malestar, está en su fantasía no en la realidad del lazo, ni en las situaciones que vive la pareja (el ejemplo más claro lo vemos en el celoso, que la cuestiona, que vigila lo que hace, la investiga, controla su mirada, como viste etc, todo está en su fantasía y no en la realidad de la conducta de su pareja)

 

*Queda atrapado en su propia red narcisista, control yoico, imaginario, totalizante, todo el universo (que en muchos casos se reduce al orden familiar) debe ser controlado, los fallas o fisuras en este orden impuesto dispara la ira y la impulsividad a través de la palabra, el gesto o el paso al acto.

 

*Busca una totalización protectora, que le dé tranquilidad, busca controlar todo con la cabeza, tejido significante sin fisuras, pero lo pulsional se filtra por los intersticios donde aparece lo real, del que se defiende, pero lo condiciona, ese real en el orden de la pareja se anuda al imaginario de los celos, de la sospecha, de la duda y todo lo que represente algo del deseo de su pareja puesto en cuestión, ese espacio íntimo de ella, lo altera, le genera malestar, por lo que debe ponerlo en cuestión, bajo sospecha, acecharlo, atraparlo en falta, descubrirlo y ponerlo en evidencia, pero como eso no es posible, lo ataca, lo agrede con palabras, gestos, actos, para conmoverlo.

 

*En muchos casos muestra una falta de compromiso en lo que dice y hace, está pero no está, solo el amor y el odio lo moviliza, lo hace sentir, amor idealizado pero que se filtra el odio que degrada, ambivalencia, división subjetiva, escisión, un fuera de sí que lo hace actuar, conviven valencias polares, paradójicamente opuestas, que se mueven a través de circuitos alternantes, opuestos, cuando odia no ama, cuando ama no odia, cada uno en su emergencia temporal específica.

 

*Muestra un descontrol (impulso agresivo) en el control (obsesivo del otro): “hay momentos en donde no me puedo contener, no soporto algo que hace, pero ella es una gran madre, la quiero mucho pero no me puedo controlar, no sé qué me pasa, ella no hace nada malo, intento no agredirla pero se dio nuevamente”

 

*Podemos pensar a la manera freudiana que el impulso del victimario está ligado a un  amor adherido  a la fijación anal-pulsional, en la lógica de poseer-ser poseído, en el lenguaje anal de retener-expulsar, destrucción del otro, el amor ligado a la lógica pulsional de poseer-controlar, adherencia al objeto de amor-odio,

 

*Narcisista, ligado a la fase del espejo como universalidad imaginaria, totalización de la imagen ligada a la lógica tanática del “yo o el otro”, momento de subducción de lo simbólico, que es lo que se juega en las escenas de violencia en sus diversas manifestaciones. En el hablar cotidiano la palabra que comunica está enmarcada en el orden simbólico, donde se respetan los lugares, los espacios en las interrelaciones humanas, es la lógica del “yo y el otro”. En los momentos de tensión agresiva, se desborda el marco simbólico, se pasa a la tensión imaginaria “o yo o el otro”, donde la palabra está cargada, pesa, sale del orden dialectico de la comunicación, tornándose imperativa, invasiva del espacio del otro.

 

*El deseo en el obsesivo está jugado en su propia anulación como deseo imposible que lo escenifica en la pareja enrareciendo el propio vínculo a través de la agresión, lo que produce un circuito de  tensión y malestar permanente, y si la relación se cronifica, encuentra en el partenaire-mujer la complementariedad del deseo inconsciente de insatisfacción de la víctima, atrapada en su propio tejido histérico.

 

*El violento suele utilizar el mecanismo de defensa que Freud denominó formación reactiva, mostrándose sobreadaptado, cortes, comprensivo como reacción a su propia tendencia pulsional que siempre está agazapada y pronta por irrumpir en su violencia invasiva.

 

*Muestra la ambivalencia amor-odio, que pendula junto a la cadena significante y los actos que los determina y que circulan en tiempos diferentes

 

*En el obsesivo-violento surgen elucubraciones permanentes, un rumiar constante, con pensamientos que lo lleva a la sospecha, desconfianza y duda sobre su pareja, intentando controlar el pensamiento y sentir del otro

 

*Desde el punto de vista del goce el obsesivo es un alquimista frustrado al intentar transmutar la mierda en regalo (fijación anal), la substancia de goce en pensamiento y luego haciendo del pensamiento una sede del goce, un pensamiento teñido de afectaciones, circular, rumiante, confundiendo su goce y el del otro, desestructurando su orden de unidad y control de las distintas instancias

 

*Otro mecanismo que usa es el del aislamiento narcisista, en su burbuja-mundo agrega a su mujer en su universo personal como parte extranjera-extraña a controlar porque no logra integrarse totalmente

 

*Intenta hacerse mirada no solo como control de la mujer sino mirada que lo pone frente a la escena primaria, como testigo, tercero, al medio, esto puede mostrar la lógica implícita en los celos, donde imaginariza su pareja con algún otro, escenificando la escena primaria, donde aparece como mirada.

 

*Su tendencia es bastarse a sí mismo, autorreferencia narcisista, la pregunta se la dirige a sí mismo y no al Otro-terapeuta, sin sujeto supuesto saber (SsS), el saber lo maneja él mismo, por eso la dificultad en generar una demanda asistencial